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sábado, 11 de abril de 2020

El final de la COVID-19 lo dictará la economía


El final de la versión dura del confinamiento no lo va a marcar la salud de los ciudadanos: lo dictará la economía. Realmente lo viene marcando desde el principio, aunque no forme oficialmente parte del Comité Técnico-Policial-Militar de la COVID-19, que vemos aparecer cada día en las ruedas de prensa.

Una muestra significativa de quién marca el paso es el final del "período de hibernación", después de la Semana Santa. La vuelta al 'tajo' en actividades "no esenciales", según los criterios gubernamentales. 

Falta que a las cifras de contagios, fallecimientos y altas hospitalarias, y las de detenciones y sanciones por 'escapar' del confinamiento/encarcelamiento, se añada el correspondiente decrecimiento diario del PIB.

Ana Botín se lo ha dicho claramente al Gobierno: "Los jóvenes e inmunizados deben volver cuanto antes al trabajo" -amén-. Le ha faltado añadir: los que conserven su puesto de trabajo, o consigan que les contraten. Y, ¿a qué sistema económico y de relaciones laborales se van a reincorporar? Exactamente al mismo que había antes de la pandemia por coronavirus. 

El mismo sistema capitalista neoliberal. Pero con las arcas públicas vacías; la desigualdad socioeconómica y la pobreza multiplicadas al mismo ritmo que la expansión de la infección vírica. Vuelta a las mismas reglas del juego financiero, pero en un país devastado.

Las consecuencias del caos normativo dictado bajo la etiqueta de rescate social, y los instrumentos para "que nadie se quede atrás", poco -o nada- van a aliviar el sufrimiento y las necesidades de las clases desfavorecidas. Sin mencionar la escasa colaboración de los organismos administrativos implicados: Seguridad Social, SEPE, y autoridades laborales autonómicas. En lugar de adaptarse a las necesidades de los afectados, son éstos -y sus asesores legales, quien pueda permitírselo- los que tienen que adaptarse a los requisitos burocráticos; con un continuo cambio de criterios, descoordinación entre áreas y organismos, y problemas telemáticos e informáticos.

Millones de trabajadores están afectados por ertes de fuerza mayor por la covid-19, a pagar con fondos públicos. De la exoneración de la cotización a la Seguridad Social (100% en las empresas de menos de 50 trabajadores) se van a beneficiar las grandes empresas y corporaciones, teniendo que abonar solo un 25% de las cuotas.

No hablemos del "prohibido despedir por el coronavirus", de los mismos autores del prohibido despedir "por estar enfermo". En ambos casos se puede seguir despidiendo, pero pagando una indemnización de 33 días por año -en lugar de 20 días por año-; suponiendo que el trabajador o trabajadora impugne el despido y se sentencie como improcedente.

Con la caja pública en números rojos, y la reducción de ingresos fiscales y de cotizaciones sociales, 'su' economía no va a necesitar un 'rebote', sino más bien un cohete propulsado a la velocidad de la luz.

Y no olvidemos que nos encontramos en Estado de Alarma, por segunda vez en 'democracia' (o "régimen del 78", que diría la furibunda portavoz del PP en el Congreso) -aunque al presidente Sánchez se le olvidó el Estado de Alarma decretado por la huelga de los controladores aéreos, en el año 2010-. Una cuasidictadura constitucional, con plenos poderes del ejecutivo, en la que se ha asumido con total normalidad la pérdida de libertades y la generosa presencia coercitiva, junto con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, de las fuerzas armadas en las calles desalojadas. Esta concentración por decreto de poderes institucionales queda a un corto paso de sistemas totalitarios.

Nos consolaremos con la certeza de que las derechas y ultraderechas terminarían de rematar el más mínimo vestigio de lo público. Y, si nos descuidamos, los militares no volverían a los cuarteles.

viernes, 4 de abril de 2014

Niños robados: 'Philomena', de Stephen Frears

​No se dejen condicionar por el hecho de que Philomena no obtuvo ningún galardón, en la edición de este año de los Premios Óscar. La actriz protagonista, Judi Dench (Philomena Lee), hizo méritos más que suficientes para haber sido premiada con el Óscar. Estamos acostumbrados a estas previsibles decepciones. No cuestiono que la estatuilla fuera entregada, finalmente, a Cate Blanchett por su espléndida interpretación en Blue Jasmine.

La película del cercano y magistral director británico Stephen Frears, está basada en la historia verídica del libro "The Lost Child Of Philomena Lee" (Martin Sixsmith, 2009). Con guión del propio Sixsmith y de Jeff Pope.

La sinceramente católica Philomena Lee, con una fe imperturbable en Dios y en el género humano, acude al periodista Martin Sixsmith (Steve Coogan), buscando ayuda para localizar a su hijo (Michael A. Hess). Hijo que le fue arrebatado hace cuatro décadas (cuando ella era adolescente) por unas monjas de un convento irlandés. Las monjas se preocupaban de dotar a sus piadosos actos de la legalidad de la adopción, mediante leoninos contratos que las eximían de toda responsabilidad. Y el cobro, Dios mediante, de las pertinentes compensaciones económicas.

El defenestrado periodista político Sixsmith, instalado en una vida cómoda y acomodada, acepta el trabajo como una inyección que reactive su carrera, emolumentos y prestigio profesional. Mira por encima del hombro a la humilde Philomena; sintiéndose en superioridad intelectual y de clase social. Martin desprecia que Philomena siga creyendo en el mismo Dios de las monjas, que vendieron a su pequeño hijo a una familia norteamericana, alejándolo a miles de kilómetros.

El dolor que le provoca a Philomena descubrir que su primer vástago ha muerto (víctima del SIDA, a mediados de los noventa), queda en parte compensado a medida que descubre datos de su vida. Disfrutó de una buena posición social y profesional –con un cargo importante en la ultraconservadora Administración de Bush padre–; aunque también tuvo que sufrir el desprecio homófobo, y el precio de esconder su homosexualidad. Philomena en ningún momento juzga, ni manifiesta que la iglesia católica pueda condenar la condición sexual de su hijo (la cual intuyó cuando era niño, y confirmó viendo sus fotografías más recientes).

Una de las demoledoras lecciones éticas de Philomena se produce en el vuelo a EE UU (en clase turista). Martin es saludado por un periodista conocido, que viaja en primera. Philomena comenta después: ​"No por ir en primera se es una persona de primera".​

​La indignación de Martin se transforma en ira, cuando descubren que Michael viajó a Irlanda con su compañero, poco antes de morir, intentando localizar a su madre biológica. Le contaron que ésta le había abandonado. El silencio de la monja conocedora de los hechos, consintió la mentira e impidió el reencuentro. Quiso ser enterrado en el cementerio del convento, en su Irlanda natal. Philomena vuelve a dar otra lección al periodista de investigación, perdonando a la iluminada y soberbia monja. Entonces Sixsmith comprende que, realmente, Philomena y él no están en posiciones antagónicas. Pueden converger –y, de hecho, convergen– en un mismo camino. Uno, desde el ateísmo (agnosticismo); la otra, desde su profundo y sentido catolicismo ​(cristianismo). La escenificación de esa convergencia, reconocimiento y respeto, pasa por la visita a la tumba de Michael –con la ofrenda de una figurilla religiosa comprada por Martin en el convento–. Y por el cambio de criterio de Philomena: pide expresamente a Martin –decidido a guardar silencio– que escriba la historia (su historia).

​Esta deliciosa y dramática película, con pinceladas de comedia, me recuerda otras historias. Como la de los niños secuestrados, de padres generalmente ejecutados, en las dictaduras militares americanas. O la de los niños y bebés robados en la posguerra civil española; casos que abarcan hasta los años ochenta. Ladrones investidos de autoridad que mentían a los progenitores, diciéndoles que sus bebés, recién nacidos, habían muerto. Enseñando, cuando les era exigido ver el cuerpo, otro cadáver (habitualmente el mismo, conservado en la cámara frigorífica). Se erigían en jueces todopoderosos que, de una forma cobarde, vil y cruel, decidían el futuro de las criaturas y de sus padres o madres "descarriadas". Apoyándose en perversas maquinaciones pseudomorales; como el hecho de tener más hijos, o los casos de gemelos o mellizos: era justificación bastante para arrebatar al nuevo retoño. Familias adoptivas que, cuando eran de clase humilde, pagaban a su hijo o hija a plazos (durante años), y, en numerosas ocasiones, sin saber la verdadera historia.

La infamia ya se produjo, en nuestro civilizado y democrático país, con los niños republicanos; huérfanos (frecuentemente por asesinato político), o de padres represaliados, expatriados, encarcelados –o, sencillamente, no afectos–. El Estado nacional-católico franquista legalizó el rapto o la apropiación de miles de niños, para entregarlos a militares, funcionarios, y familias pudientes. Personas "de bien", no sospechosas para el criminal régimen represor. Triste recuerdo del comienzo de los cuarenta años de dictadura, que no del terror (iniciado por los militares sediciosos fascistas en 1936), es el aniversario reciente del último parte de guerra. Radiado por Fernández de Córdoba, con solemnidad y entonación militar: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos, 1º abril 1939".

Todos estos casos tienen evidentes nexos en común, de carne y hueso. Alzacuellos, sotanas, hábitos; uniformes, galones y estrellas; cofias y batas blancas; funcionarios. Todos ellos siniestros cómplices y colaboradores necesarios. En nombre de Dios, de la patria, del dinero. Tienes toda la razón, Philomena, no por ir en primera se es una persona de primera.

jueves, 20 de marzo de 2014

Del falso documental de 'Operación Palace', al falso debate del estado de la nación

​El veintitrés de febrero de 1981, por la tarde, estaba en clases de bachillerato, en el instituto público ("nacional", por aquella época) de mi barrio madrileño; donde cursaba BUP. Tenía quince años. Seguramente los recuerdos de aquella tarde/noche se mezclan con las informaciones –generalmente en los aniversarios– de los medios de comunicación, retumbando con los gritos de la (cientos de veces repetida) frase del uniformado de tricornio, Tejero, a los diputados: "¡Quieto todo el mundo!".

Iba a las clases del último turno, de las cuales salíamos sobre las diez y media de la noche. Recuerdo, o creo recordar, cuando llegué a casa, el sonido de la música militar en la radio. No consigo acordarme del ambiente del instituto, entre los profesores y alumnos; teniendo en cuenta que el Congreso ya había sido asaltado por un teniente coronel de la Guardia Civil, de pistola fácil, el ya citado Antonio Tejero. Ni siquiera acierto a recordar si las clases se impartieron con normalidad, o si salimos antes de la hora prevista.

Recuerdo, o creo recordar, que por aquella época no tenía inquietudes político-sociales. Mi retina almacenaba todavía, habiendo pasado varios años –lo caprichosa que es la memoria–, las imágenes de dos pósteres, colgados en los centros públicos y oficiales, las tiendas y comercios, con el texto y los retratos de los protagonistas: "Último mensaje de Francisco Franco", y "Primer mensaje del Rey". Los veía –o, al menos, mi memoria los ve como un vívido recuerdo– cada vez que compraba en la panadería de enfrente de casa, la del enjuto y mayor don Emiliano; pegados con papel celo en los baldosines. Pero no sentía nada especial por estar viviendo los primeros años de la Santa Transición. Todavía no era consciente de lo atado y bien atado que el anterior jefe de Estado, el generalísimo Franco, había dejado el tinglado sucesorio. En forma de una monarquía hereditaria (democrática y parlamentaria, por supuesto). Recuerdo, o creo recordar, que mi mayor preocupación era estudiar y sacar buenas notas. Y, también, los mensajes de mi madre, para que tuviera presente que ya tenía que pensar en empezar a trabajar –como así fue al año siguiente; motivo por el cual iba a nocturno–.

Soy seguidor del periodista Jordi Évole desde sus inicios de "Follonero", de la primera etapa de Salvados. Desde el principio hasta el final del visionado del falso documental (o 'mockumentary'; 'mock': burla, simulación) sobre el golpe de Estado, Operación Palace, enfrenté y comparé lo que la emisión me presentaba, con el ensayo de Javier Cercas Anatomía de un instante (Mondadori, 2009). No me cuadraba con los datos históricos y periodísticos contrastados por Cercas. Y, finalmente, me quedé con las mismas dudas y las mismas sospechas, sobre quién fue el "Elefante Blanco" del 23-F; o, como dirían los defensores de las teorías "conspiranoicas" de los atentados terroristas de Madrid, del 11 de marzo de 2004, el "autor intelectual".

Me han parecido excesivamente desproporcionadas y virulentas, las reacciones de determinados periodistas, en este caso puristas y ortodoxos. Entiendo (pero no comparto su opinión) a los que creen que Operación Palace resta prestigio profesional a Évole. Respeto a los que dicen que ya no volverán a seguirlo periodísticamente. Puedo comprender a los que se han sentido engañados.

Pero me resulta paradójico y contradictorio que muchos de esos prestigiosos periodistas no se escandalicen, ni se rasguen de la misma forma las vestiduras, ante las mentiras diarias del Gobierno de España. Mentiras que se pronuncian también, en vivo y en directo y en diferido, en sede parlamentaria. Cuando Rajoy dice que los ciudadanos ya notan que salimos de la crisis económica. Cuando Montoro dice que los salarios no se reducen, sino que crecen moderadamente. Cuando Gallardón dice que el anteproyecto de ley del aborto protege los derechos de las mujeres, y que no ha indultado a ningún político corrupto. Cuando Mato dice que la asistencia sanitaria es universal. Cuando Wert dice que la religión no está en las aulas públicas, y las becas aumentan. Cuando Báñez dice que "el mercado laboral ya se ha dado la vuelta". Cuando Fernández nos habla de las bondades de las cuchillas pasivas y las pelotas de goma salvavidas, en la valla y aguas de la frontera hispano-africana. Etcétera. Y cuando, tanto el presidente del Gobierno como todos estos ministros y subordinados, siguen conservando sus diferentes carteras y cargos.

Continuaré siguiendo los trabajos de Jordi Évole. No me sentí engañado, tras las pertinentes explicaciones posteriores, por Operación Palace. Me siento irritado por el hecho de que no conoceremos los detalles del sumario judicial del 23-F hasta dentro de varias décadas. Me cabrea el ejercicio y la justificación continua de la corrupción. Por el contrario, sí que me sentí engañado en el último debate del estado de la nación. Auténtico falso documental, en un falso debate, de una falsa realidad, por un Gobierno falsario.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Las mayorías silenciosas del Partido Popular

La vicepresidenta del Gobierno​ de España​, Soraya Sáenz de Santamaría, ha dicho que el Ejecutivo tiene la obligación "de escuchar a todos los españoles", tanto "a la gente que sale" a las calles como a las "mayorías silenciosas" que "se quedan en casa" y "tienen derecho" a que se vele "por sus libertades y por sus opiniones". ​ Referíase la vicepresidenta a la multitudinaria cadena humana de la 'Via Catalana', organizada por la 'Assemblea Nacional Catalana' (ANC), y coincidente con la celebración de la 'Diada' de Catalunya​ (11 de septiembre).

Con este argumento el Gobierno de Mariano Rajoy pretende despachar las dos últimas 'diadas' reivindicativas vividas en Catalunya, con la asistencia de cientos de miles de personas. El razonamiento se une al otro clásico "dentro de la legalidad", gubernamental y mediático. La legalidad, en concreto la Constitución Española, es la misma inamovible Constitución que los partidos tradicionales (y tradicionalistas) reformaron en una semana. Y ¿para qué la reformaron?: para introducir un absurdo y amenazador techo de déficit. Y ¿obedeciendo a quién?: al Fondo Monetario Internacional (FMI), la Alemania de Angela Merkel, y organismos neoliberales afines.

Es decir, pueden reformar la Carta Magna en unos cuantos días, para colocarnos la soga en el cuello (lista para apretar), si nos pasamos unas décimas del tanto por ciento de déficit público impuesto; pero no puede modificarse la Constitución para dar cabida a una consulta plebiscitaria en Catalunya. Consulta en la que los catalanes decidan su futuro geopolítico y jurídico.

El otro argumento de enjundia utilizado por el PP es el de las mayorías silenciosas. El Partido Popular es todo oídos para las mayorías silenciosas, cuando le interesa. Quizá se refiera la vicepresidenta a la misma mayoría silenciosa que se quedaba en casa cuando su partido llamaba a tomar la calle, un día sí y al otro también. Como, por ejemplo, en las entusiastas manifestaciones orquestadas con la jerarquía de la Iglesia católica en contra del aborto.

Puede que Sáenz de Santamaría también piense en la mayoría silenciosa que no votó en las pasadas elecciones (2011) a Cortes Generales de España; o en la mayoría silenciosa que no votó a su partido político.

También deben de estar incluidos en esas mayorías silenciosas de la vicepresidenta los millones de desempleados; los miles de hogares con todos sus miembros en el paro; los miles de estudiantes afectados por la brutal subida de tasas universitarias y el recorte de becas; los millones de pacientes, enfermos, medicados y dependientes afectados por los recortes sanitarios y farmacéuticos. Si el Gobierno escuchara atentamente a estas mayorías silenciosas, y no las despreciara igual que a las "ruidosas", hace tiempo que habría convocado elecciones. Tal pretensión se nos antoja muy difícil cuando ni siquiera escucha a los parlamentos, catalán y español, que aprobaron un 'Estatut' de Catalunya recortado por el Tribunal Constitucional, a instancias del propio Partido Popular.

Para el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, las protestas de aquí, comparadas con las de México o Chile, son "una fiesta de cumpleaños". Muy seguro está el Gobierno de que el colchón de la solidaridad y ayuda de familiares y amigos, de pensionistas, de la beneficencia, va a ser de duración indefinida; o que los brotes verdes económicos van a crecer en el desierto. Quizá no todo el Gobierno lo tenga tan claro, cuando el Ministerio del Interior aumenta y refuerza la partida presupuestaria para material antidisturbios. El incontinente verbal Wert (políglota en la intimidad) necesita ver barricadas e incendios en las calles;​ ​puede​ que ​en tal caso se le borrar​a​ del rostro esa media sonrisa​ de cinismo indiferente.

Volviendo​ a las mayorías, silenciosas o no. El presidente chileno Salvador Allende Gossens, en su último discurso antes de morir ​en el Palacio de La Moneda,​ dijo: "la historia es nuestra y la hacen los pueblos". ​En Chile los militares se apoderaron de la historia, con las bayonetas y las balas manchadas de la sangre del pueblo. ​En España​ sucedió lo mismo unas décadas antes. ​En la actualidad el poder mercantil no se viste de uniforme, adquiere la forma de organismos neoliberales y gobiernos subordinados ejecutores, se diseña en los despachos de las multinacionales y los grandes bancos y fondos de inversión, y se arma con recortes económicos, sociales y de derechos; con la transferencia obscena e impune de las rentas del trabajo a las rentas del capital. En España, ​y en Catalunya, el poder nos impide hacer nuestra historia. Como, me temo, en la inmensa mayoría de los territorios del planeta tierra. Mal de muchos, consuelo de pocos (¿o de tontos?).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Catalunya y las cloacas del Estado

Si hiciéramos un poco de historia-ficción imaginando métodos de guerra sucia entre nuestros semejantes, probablemente podríamos retrotraernos hasta nuestros ancestros. No sería descabellado pensar en algún núcleo de primates superiores, en alguna cueva al abrigo de las inclemencias meteorológicas. Tampoco el uso de métodos más o menos violentos, sucios o secretos para conseguir armas, herramientas, comida, fuego, información; de alguna otra tribu de otra cueva. Avanzando a velocidad meteórica llegamos hasta el uso más sofisticado del espionaje bélico, la guerra fría, o los servicios secretos civiles o militares.

Ya sabemos que por el bien supremo de la patria, la conservación de las líneas geográficas de los países y, por supuesto, por la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos; es imprescindible el mantenimiento de los ejércitos y los servicios secretos. Por este bien común hemos oído a políticos defender la necesidad de que alguien se tenga que ocupar y preocupar por las alcantarillas de la nación. Por esa máxima hemos visto cómo se pretendía justificar el uso de peligrosos atajos, en todo tipo de regímenes políticos e ideologías; en nuestra Europa occidental, para el mantenimiento de la denominada democracia. Recordemos el uso gubernamental del terrorismo para combatir el terrorismo –no comparen el terrorismo de Estado con cualquier otro "menos justificable"–.

El próximo domingo 25 de noviembre son las elecciones al Parlament de Catalunya. Convergència i Unió (CIU) ha gobernado apenas dos años, con el apoyo del Partido Popular (PP). No es extraño el soporte político, en dos partidos situados en la derecha ideológica; por mucho que ahora el PP acuse a CIU de peligroso secesionismo. Es lógico, pues, que el PP (aunque ahora pretenda esconderlo) haya apoyado unos Presupuestos de la Comunidad que actúan como arma de brutales recortes sociales y económicos. Es la misma lógica de agresión económica y social que ejecuta en el Gobierno del Reino de España (y otros autonómicos) el PP.

Parece ser que por una rabieta financiera del president de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, se ha puesto en campaña electoral la independencia de Catalunya. El nacionalismo de derechas catalán de Mas frente al nacionalismo de derechas español de Rajoy. Y en esta apuesta soberanista el president no se ha quedado solo. Cuenta con un importante apoyo de la sociedad catalana (dejando aparte las guerras de cifras de la manifestación de la Diada); amén de otros partidos políticos y organizaciones de diferente signo ideológico. Lo que no aclara el president es si cuando alcance esa ansiada independencia económica que le otorgaría un Estado propio catalán, se acabará el uso de la tijera de los recortes. No le oímos decir que ese hipotético nuevo Estado catalán (¿republicano o monárquico?) no contaría con las fronteras que delimitan, no ya los mapas geopolíticos, sino los poderes económicos y financieros.

Creo en Europa. Pero no en la Europa de la especulación financiera, los banqueros y las grandes corporaciones. No en la Europa de los mercaderes y el gobierno de los mercados. Creo en una Europa de los pueblos. En una Europa verdaderamente democrática, de y para los ciudadanos europeos. Y siento un profundo respecto porque los diferentes pueblos y nacionalidades tengan la capacidad de decidir sobre su futuro, sobre su encaje socio-político. Es legítimo que el pueblo catalán pueda decidir sobre ello. ¿Que es anticonstitucional? La Constitución se puede cambiar; ¿no se reformó en pocos días, para incluir un aberrante techo de gasto público?

Los defensores de la unidad del Estado se han asustado. Ante las legítimas comparaciones con otros territorios (europeos o no), como Escocia y Quebec; ponen en marcha toda su artillería política y diplomática para "aclararles" a los catalanes que la independencia supondría la salida de la maravillosa Unión Europea (UE). Que fuera de la UE y del BCE sólo se encontrarán frío y oscuridad. Que tendrán que ponerse a la cola y llamar a la puerta de entrada. Que España sería la primera en vetar su ingreso. Que España no compraría sus productos. Que las empresas huirían de su territorio. ¡Qué miedo!

Pero la investigación y el rigor periodísticos entran en juego. Un medio de comunicación (el diario "El Mundo") publica un misterioso "borrador de informe policial", acusando de corrupción a las familias Mas y Pujol. Medio de comunicación que no se caracteriza, precisamente, por su amor a la identidad socio-cultural y la lengua propia catalanas. La acusación incluye cuentas en Suiza. Del "borrador policial", ni la policía ni el Ministerio del Interior terminan de aclararse, ni encuentran físicamente dicho borrador, que a su vez dicen que contiene una recopilación de informaciones policiales y judiciales. Un auténtico cachondeo.

Respecto a las cuentas en las que Artur Mas se dice que aparece como beneficiario, esperamos que alguien nos aclare este punto, desde la óptica bancaria y mercantil. El ser beneficiario de una herencia no es delito. Si hablamos de beneficiario de una cuenta, en España podemos interpretarlo como "autorizado". Ejemplo: podemos estar autorizados en la cuenta de nuestra comunidad de propietarios, cuando ejercemos cualquier cargo en dicha comunidad, a tenor de la Ley de la Propiedad Horizontal. O en la libreta de nuestros padres; siendo ellos los titulares y responsables jurídicos de dicha cuenta. Si no se cumplieran las obligaciones tributarias, tendría que actuar la correspondiente Administración, depurando responsabilidades.

Que actúe la justicia. En los presuntos casos de corrupción política. Y en cualquier otra responsabilidad administrativa, civil o penal en la que hayan podido incurrir el resto de actores de este grotesco sainete (periodistas, políticos, empresarios, etc.). Sainete al que se ha sumado el ex teniente coronel (Guardia Civil) golpista Antonio Tejero. El digno heredero de los militares sediciosos fascistas del 36, ha presentado una denuncia contra "Arturo" Mas, por "provocación, conspiración y proposición para la sedición". Si Don Ramón de la Cruz levantara la cabeza...

Mañana es jornada de reflexión para los votantes catalanes. Es difícil predecir el impacto que tendrá el elemento soberanista. También lo es respecto a las salpicaduras de la basura proveniente del alcantarillado mediático, político y gubernamental. Seguro que los ciudadanos y ciudadanas catalanes serán capaces de decidir democráticamente su futuro. Sin olvidar los dos últimos años. Sin dejarse atemorizar. Sin dejarse engañar. Sin trucos. Sin miedo.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Transición, monarquía y ruido de sables

20 de noviembre de 1975. Fallece Francisco Franco Bahamonde. Caudillo (por la gracia de Dios); Generalísimo (de los Ejércitos); Franco.

En aquel entonces yo tenía diez años de edad. Cursaba la Enseñanza General Básica (EGB) en un colegio público (denominado "Nacional") de Madrid. El colegio llevaba —hace tiempo que está cerrado, pero existe físicamente— el nombre de un poeta nicaragüense no sospechoso para el régimen franquista: Rubén Darío. Colegio en el que, todavía en esa mitad de la década de los setenta, lo primero que se hacía antes de empezar las clases era rezar, al unísono que el director lo retransmitía por la megafonía.

Treinta y nueve años habían pasado desde que Franco y el resto de generales y oficiales sediciosos golpearan, a sangre y fuego, contra el legítimo y constitucional Gobierno de la Segunda República Española. Sangre que, los facciosos militares traidores, siguieron derramando muchos años después de terminada la Guerra Civil —de ganada la "Gloriosa Cruzada", con la inestimable colaboración de Hitler y Mussolini; y tras tres años de resistencia republicana y de vergonzosa pasividad de las democracias occidentales—. Cuatro décadas de dictadura fascista, nacional-católica. Cuarenta años de miedo gris, que apagaron prematuramente la joven alegría del 14 de abril de 1931.

Todavía recuerdo los carteles que se pegaron en los comercios, centros oficiales y sitios públicos. A la "izquierda" el "Último Mensaje de Francisco Franco"; a su diestra el "Primer Mensaje del Rey". Ambos con sus correspondientes textos y retratos.

La proximidad de los carteles no era sólo estética. No en vano Franco dijo: "todo está atado y bien atado". Y tan fuerte fue el nudo que aún hoy, treinta y siete años después de su muerte, no hay quien lo desate.

En aras de la "paz" y la "convivencia" ciudadanas nos hicieron tragar el sapo de un régimen monárquico, rama sanguínea borbónica; eso sí, parlamentario y constitucional, no se engañen. De jefe de Estado a jefe de Estado. Para qué iba a opinar el pueblo sobre el modelo de Estado que quería; para qué se iban a arriesgar a que no se validara lo que el dictador dejó escrito y bien escrito. Dicen que así también reducían el ruido de los sables militares; cuánto les preocupaba, de repente, la integridad física del pueblo.

A este proceso, bendecido por la Constitución Española de 1978, se bautizó como Transición (con mayúscula). Así, de una "República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia" (Constitución de la República Española, 1931), pasamos a una "moderna" Monarquía parlamentaria, donde los trabajadores han desaparecido del artículo primero.

Y no me toquen ustedes la Transición. Menos aún la Constitución; hasta ahí podíamos llegar. Eso sí, cuando nos ordenan incluir en la Carta Magna un techo de déficit público; pues lo arreglamos en dos semanas y con unos cafés parlamentarios. Teniendo a los políticos, para qué se va a preguntar a los ciudadanos más de la cuenta (cada cuatro años).

La prueba más reciente la tenemos tras el fallecimiento del ex-secretario general del PCE, Santiago Carrillo. Mensaje de los partidos políticos mayoritarios: figura imprescindible en la Transición.

Juan Carlos I, el Rey cazador que nos salvó a todos (¿o no?) el 23 de febrero de 1981, es un monarca moderno. Ahora se dirige a su pueblo colgando cartas en internet (y no solo en Nochebuena y por televisión). Se supone que el jefe de Estado no puede posicionarse políticamente. Se supone que es una figura "simbólica" (pero muy cara, junto con el resto de la Familia Real). Se supone que está al servicio del Gobierno del Estado.

Nos escribe, no para recordarnos el derecho a trabajar, o el derecho a una vivienda y una vida dignas. Nos escribe para obligarnos a mantener la "unidad" del Estado, el tamaño de su Reino. Parece que la cosa va por Catalunya, que quiere convertirse en República Catalana —otra vez el miedo a que los pueblos sean dueños de su futuro—. También para que no perdamos el tiempo en averiguar si son galgos o son podencos, ni en "quimeras". ¿Lo hace como "simbólico" jefe de Estado? ¿O como Jefe supremo de las Fuerzas Armadas?

Aunque a las derechas políticas y de los medios de comunicación monárquico-juancarlistas les vendría bien que el Rey se callara, siguen defendiendo su "libertad de expresión".

Es legítimo exigir que el pueblo decida el régimen del Estado. Es legítimo exigir una auténtica Transición, que corte definitivamente y en los tres poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) el cordón umbilical que está tan bien atado. Sólo entonces podremos esperar una verdadera separación de poderes, una 'trias politica'.

miércoles, 18 de julio de 2012

In Memoriam de todas las víctimas del terrorismo franquista


"
IN MEMORIAM
DE

VIRGILIO LERET RUIZ

COMANDANTE DE LA BASE DE HIDROAVIONES DEL ATALAYÓN DE MELILLA
ASESINADO EL 17 DE JULIO DE 1936

y de todas las víctimas del terrorismo franquista

cuyos asesinatos, torturas y persecuciones han sido silenciadas con la complicidad de muchos seudodemócratas y seudosocialistas, y con la indiferencia de la instituciones del Estado, para quienes hay un terrorismo malo y un terrorismo bueno; para quienes hay unas víctimas que merecen justicia y otras que merecen el olvido; para quienes hay unos criminales que merecen ser castigados y otros que todavía dan su nombre a calles españolas o, incluso, a salas del Congreso de los diputados.

Sus hijas y sus nietos.

Caracas, 17 de julio de 2012
"

Diario El País, Obituarios, martes 17 de julio de 2012, p. 45.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Valle de los Caídos 'In saecula saeculorum'

En Alemania no encontraremos ninguna calle del "Fürher". En Italia tampoco leeremos en ningún rótulo plaza del "Duce".

En España. Seguimos manteniendo infinidad de calles, avenidas y plazas con nombres como "del Generalísimo", "del Caudillo"; por no decir de "Francisco Franco", de "José Antonio", etc.

Los Ayuntamientos siguen incumpliendo la (tímida e insuficiente) conocida como Ley de la Memoria Histórica.

El Valle de los Caídos (Cuelgamuros, Madrid) es el único monumento fascista de Europa. Es una vergüenza que siga constituyendo un megamausoleo al dictador fascista (y escribo fascista, no franquista) Francisco Franco Bahamonde.

Dictador responsable de crímenes perpetrados no sólo durante la Guerra Civil —desatada por la sublevación e intento de golpe de estado contra la legalidad vigente de la II República Española, con su traición y encabezamiento—, sino durante años después de finalizada. Ejecutor de cientos de miles de asesinatos: por cada asesinato de Mussolini, Franco perpetró 10.000.

Construido con la sangre y el sufrimiento de miles de presos republicanos. Y, para mayor escarnio, con miles de restos de republicanos hurtados a sus familias, ya que el Caudillo no tenía suficientes cadáveres de "su bando nacional" para rellenar la cripta.

Y, a estas alturas de la historia, la Comisión de expertos se descuelga con una propuesta de traslado de los restos del sanguinario dictador, "con permiso de la familia" y "con permiso de la Iglesia".

Por otra parte, resulta un atentado a la historia y a la inteligencia el que se pretenda establecer una equidistancia entre los muertos de ambos bandos: los del bando sublevado contra la legalidad republicana vigente, mal llamado "nacional", fueron sepultados dignamente; los del bando republicano, despectivamente calificados como "rojos", fueron vilmente enterrados en las cunetas de los caminos y cerca de las tapias de los cementerios, donde este Estado llamado democrático tolera que continúen. El "atado y bien atado" del caudillo fue obedecido y mantenido por la Sacrosanta Transición.

El Partido Popular triunfador ya lo ha dejado claro: "vamos a dejar estos asuntos un poco al lado" (González Pons "dixit"), como en gran parte hizo antes el PSOE.

Nunca es el momento apropiado para recuperar la memoria, reparar y hacer justicia. En la transición, por el ejército (y la Iglesia); ahora, por la crisis económica de "los mercados".

Megamausoleo para un megagenocida, "in saecula saeculorum".

viernes, 7 de octubre de 2011

Escudo antisoberanía popular española

Todavía no nos hemos recuperado de la reforma de la Constitución Española, hincando más hondo las rodillas en el estiércol de los mercados; obedeciendo al chantaje del Banco Central Europeo (BCE), y resto de chacales neoliberales.

Todavía está fresco tal acto de desprecio a la inteligencia y capacidad de opinar de la ciudadanía, inútil por otra parte para los fines esgrimidos: a los mercados les importaba y les sigue importando una mierda lo que ponga la Constitución Española.

Y con la indignación mantenida, este gobierno en funciones, otra vez con nocturnidad y alevosía y en connivencia con el PP, vuelve a pisotear nuestra soberanía.

El PSOE pasó del "OTAN, de entrada no", a proponer el sí en el referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, convocado por el gobierno presidido por Felipe González en 1986. Recordemos que dicha permanencia descansa en los siguientes términos contenidos en la consulta (no vinculante):
1.º La participación de España en la Alianza Atlántica no incluirá su incorporación a la estructura militar integrada.
2.º Se mantendrá la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español.
3.º Se procederá a la reducción progresiva de la presencia militar de los Estados Unidos en España.

Tras ese camino, terminamos con más presencia militar estadounidense, bendecida por el PP de Rajoy y el PSOE ¿de Rubalcaba?. Ya participamos en el escudo "antimisiles" que, teóricamente, va a generar 1.000 puestos de trabajo, según el presidente en funciones Zapatero.

Salta a la vista el miedo atroz que le tienen a preguntar al pueblo, especialmente en este tipo de decisiones tan trascendentales y de tan fuerte impacto presente y futuro. No sea que les digan que no, y la liemos (recordemos la Constitución Europea). Así también se evitan el ignorar la decisión de los ciudadanos, como el caso de la OTAN.

Es lógico que no pregunten. ¿Cómo van a conseguir el respaldo de la ciudadanía para semejante obra multimillonaria, para jugar a los soldaditos, en lugar de solucionar los problemas sociales y económicos de la población?