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domingo, 29 de septiembre de 2013

Adelson, señor feudal de Eurovegas-Alcorcón

Se ​asemeja frecuentemente el complejo "turístico y de ocio" que el magnate estadounidense Sheldon Adelson ​pretende construir en Alcorcón (Madrid), conocido como Eurovegas, con el guión de la película "Bienvenido, Mister Marshall" (España, 1953, Luis García Berlanga). En la ácida comedia de Berlanga los habitantes de un pequeño pueblo español esperan ansiosos la visita de los estadounidenses ("los americanos"), con la ilusión de la inclusión del país en la ayuda al desarrollo del llamado "Plan Marshall" (1948-1951), para reconstruir los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial. Pero, tras engalanar el pueblo y vestir la ropa de los domingos para un gran y festivo recibimiento, los americanos y su plan pasan de largo en sus flamantes automóviles.

Eurovegas está más cerca de un argumento cinematográfico de invasiones coloniales, en este caso mercantil, que de una comedia ​en la España franquista; atemorizada, oscura, reprimida y profunda, de los años cincuenta. Se sostiene en la industria de juego, mafias, corrupción y soborno, prostitución, blanqueo de capitales...; y no guarda paralelismos con el trayecto que va de la leche en polvo americana para los escolares de la posguerra, al desarrollismo económico tecnócrata-franquista de los sesenta.

Ahora que tenemos tan cercana la clásica disputa veraniega por Gibraltar (y el Tratado de Utrecht), resulta contradictoriamente paradigmático el cuasisecreto tratado de Eurovegas por el que se cede la soberanía de parte del territorio español a "Las Vegas Sands Corporation". La ventaja es que aquí no habrá problemas interpretativos sobre la jurisdicción marítima. Nos escandalizamos por el hormigón lanzado al mar, los casinos en Internet, el contrabando y el blanqueo de capitales de Gibraltar, colonia bajo la soberanía del Reino Unido, y aplaudimos prácticamente lo mismo —sustituyan hormigón sumergido por cáncer de pulmón— en el Eurovegas bajo soberanía mercantil norteamericana.

Los mismos que defendieron la burbuja inmobiliaria, los mismos que la negaban insistente e interesadamente y durante años, hasta que la hicieron explotar en los bolsillos de todos los ciudadanos; esos mismos sujetos son los que defienden desde el poder político y económico la burbuja del juego, al ritmo del "¡Viva El Eurovegas!". Están capitaneados por la alcaldesa no electa de Madrid, Ana Botella; la expresidenta de Madrid (en retirada política interminable) Esperanza Aguirre, y su sustituto y delfín presidente no electo, Ignacio González. Esgrimen los miles de puestos de trabajo que se van a crear. Puestos de trabajo también prometidos por Adelson en su megacasino de Macao (China), y que menguaron escandalosa y misteriosamente. También aseguran que posee la financiación necesaria (miles de millones de dólares, de lo que duda hasta el propio Gobierno de Rajoy), cuando hay muchos interrogantes al respecto —es difícil creer a alguien que se ha hecho multimillonario con el juego sucio—.

La lista de poderes plenipotenciarios exigidos por Adelson (que han trascendido) es interminable. Antes de meter una excavadora y poner un ladrillo, exige: aval del Estado de 25 millones de euros (a pagar por todos los españoles, si el proyecto no sale adelante); estación de metro, cercanías, tren AVE, pista para 'jets' privados en el aeropuerto de Barajas (1.600 millones de euros en infraestructuras); cambio de la legislación de prevención de blanqueo de capitales, "flexibilizándola" para dejar sin control por Hacienda de la entrada y salida de capitales; autorizar la entrada en el casino a ludópatas y menores de edad; modificación de la ley de extranjería, para contratar a trabajadores bajo las condiciones socio-laborales del país de origen (sean las que fueren) —no parece que esta condición vaya a favorecer mucho la contratación de trabajadores españoles, aunque cada vez tengamos menores salarios y menos derechos—.

Y vamos con la exigencia legislativa más comentada: la modificación de la ley antitabaco, para que se pueda fumar en los casinos. Llevamos años con los ambientes libres de humos en los espacios públicos cerrados; con una aceptación social y consolidación razonables. Pero la ministra de Sanidad, Ana Mato, en vez de velar por la salud de los ciudadanos, antepone unos hipotéticos puestos de trabajo basados en un modelo obsoleto de juego y corrupción. Mejor sería para todos que dimitiera (o la cesaran) y fichara por Adelson.

A Adelson se le está construyendo un reino de taifa en el Reino de España, con un estatus propio social, laboral, fiscal, económico y legal. No se contenta con eso, exige que ese marco legal ad hoc no se modifique en el futuro, como consecuencia de cambios políticos en el gobierno y en el parlamento. No hemos escuchado decir a ninguno de los gobernantes y políticos del Partido Popular —y otros—, que sustenta los respectivos gobiernos de Madrid y de España, no ya que tal pretensión es ilegal e inconstitucional, sino un claro y alto "no" a semejante barbaridad propia de un feudo medieval. Lo que pase en el Eurovegas, no se quedará solo en el Eurovegas.

El poder económico y político quiere vendernos por unos cuantos puestos de trabajo a cambio de renunciar a la soberanía y el imperio de la ley. En "El Mercader de Venecia", ante el impago de los 3.000 ducados prestados por el judío usurero Shylock, Antonio se libra de pagar la libra de carne más próxima a su corazón por la imposibilidad de ejecutar la cláusula legal sin derramar una sola gota de sangre. En el Eurovegas los gobernantes le dan a Adelson nuestros dólares, carne y sangre. Al pueblo le sobran dux, reyes y reinos, y financieros usureros, y le faltan repúblicas (y Porcias, Nerissas, Jessicas, Bassanios, Gracianos, Lorenzos). Espectadores y víctimas de la función: hagan juego, la banca nunca pierde.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cincuenta años vacacionando en Mallorca: 'Danke!'

Me resulta admirable el elegir un mismo destino para disfrutar las vacaciones durante cincuenta años consecutivos. Lo entiendo perfectamente, cuando ese destino se trata de la isla de Mallorca, en la cual resido desde hace muchos años y ha visto nacer a mis hijas. Probablemente, si viviera en un país de clima más duro, haría lo mismo. Pero, como por clima mediterráneo y entorno natural juego con ventaja, sinceramente no me veo acudiendo al mismo lugar durante el resto de mi vida; principalmente porque creo que ya me faltan años (y dinero) para viajar a todos los lugares que a mi familia y a mí nos gustaría visitar, y para retornar a muchos de los enclaves que a mi mujer y a mí nos agradaron.

Cincuenta veraneos en la isla balear han cumplido un entrañable matrimonio de ancianos alemanes, Eduardo y Marianne Klevers. Empezaron a visitar la isla en los años sesenta, al inicio del 'boom' turístico, y del maremoto de ladrillo y de hormigón hotelero. El matrimonio Klevers, que inició sus visitas a Mallorca siendo veinteañeros, ha envejecido al compás de sus vacaciones. Se han hecho mayores al tiempo que la isla preponderaba el turismo masivo de sol y playa al no masificado y de calidad —que no es sinónimo de élite—.

Un viaje en el tiempo más corto y menos intenso que el que va de la "isla de la calma" descrita a comienzos del siglo XX por Santiago Rusiñol, a la del bárbaro turista que arranca el váter de la habitación del hotel para lanzarlo después por la ventana. O deposita excrementos encima de las aspas del ventilador de techo, y lo pone en marcha para esparcir las heces por la habitación del hotel (grabarlo y colgarlo en Internet) —hechos, estos dos últimos, totalmente verídicos—. Este turismo estúpido es el que sale en los medios de comunicación, y no el mayoritariamente sensato. ¿Quiénes y por qué han tolerado este grado de desprecio y salvajismo, a cambio de un puñado de euros y/o libras esterlinas? Ustedes mismos están en disposición de sacar sus propias conclusiones.

Los Klevers hacen de embajadores y publicistas desinteresados de Mallorca y, por derivación, de las Illes Balears. Tienen una complicada tarea, con muchos frentes abiertos: la prensa sensacionalista germana; los desplantes de la princesa consorte Letizia Ortiz; la dudosa protección del territorio; los incendios; las reyertas y comas etílicos callejeros; las borracheras "todo en uno" (vuelo, bares y discotecas, vuelo); los turistas despeñados de los balcones hoteleros ('balconing'), precipitados por la embriaguez y la inconsciencia.

La pareja germana —ama de casa y contable retirado— se merece todo tipo de reconocimientos y premios. De hecho, el 'president' de las Illes Balears, José Ramón Bauzá, les ha ofrecido una recepción y obsequiado dos libros. Entre los agradecimientos se menciona su "participación en costumbres y festividades de Mallorca". Y es en este punto donde, sin reducir mi admiración por tan simpático matrimonio, me veo en la obligación de efectuar un reproche. En las entrevistas televisivas que han efectuado a los Klevers no les he escuchado pronunciar ni una sola palabra, además de en la lengua de Goethe, en mallorquín o en castellano. Y ello pese a que "saben expresiones sueltas, aunque se muestran reacios a pronunciarlas" e "intentaron aprender el idioma, pero 'son más de números y les resultaba muy difícil'", como afirma y pretende justificar su amigo (y traductor en la recepción oficial) Lluc Pou.

No pretendo que se licencien en filología catalana o hispánica, y confío que la salud de los Klevers les permita seguir visitándonos muchos años más. Pero opino que cincuenta años de estancias en la isla, algunos de los cuales en varias ocasiones, son suficientes para ser capaces de decir "'bon dia'/buenos días" o "'gràcies'/gracias". Y qué gran gesto de integración sociocultural completa dirigido a sus compatriotas hubiera supuesto, al ejemplarizar que en las Illes Balears se hablan otras lenguas, además del alemán.

Planteándome la hipótesis de una situación similar a la inversa, cincuenta años visitando (siquiera esporádicamente) Alemania, y, suponiendo que hubiera sobrevivido hablando castellano (que ya es mucho suponer), habría intentando pronunciar al menos 'danke'.

jueves, 16 de agosto de 2012

El plebeyo Palacio de Marivent

Hagamos una breve historia del Palacio de Marivent (Palma, Mallorca, Illes Balears). Perteneció al pintor y mecenas egipcio Juan de Saridakis (Alejandría, 1877 - Palma, 1963). En 1966 la viuda de Saridakis, Anunciación Marconi, lo cedió a la entonces Diputación Provincial (hoy Consell Insular de Mallorca).

La condición de la cesión era que se crease un museo que llevase el nombre del pintor, abierto al público. Sin embargo, en 1973, la Diputación cedió la finca a los príncipes de España (Juan Carlos de Borbón y consorte); incumpliendo de esta forma los términos de la cesión.

Los herederos del pintor acudieron a los tribunales de justicia (llegando en última instancia al Tribunal Supremo), consiguiendo la reversión de los bienes muebles.

Díganme ustedes si esto no tiene toda la pinta de una expropiación de libro; eso sí, ahorrándose la Administración autonómica la indemnización.

A la Comunidad Autónoma de las Illes Balears le cuesta el mantenimiento del Palacio, anualmente, cerca de dos millones de euros públicos. Pero, para el president del Govern Balear, José Ramón Bauzá, bien pagados están. Habla en nombre de todos los ciudadanos de Balears, no en el suyo propio o en el de su gobierno, para decir que es un enorme orgullo, un gran honor y satisfacción el alojar a la familia real en Marivent.

Hace poco que el Banco de Inglaterra calculaba en términos económicos el impacto de las Olimpiadas de Londres 2012: cero libras de beneficio, con una década de austeridad como precio final. Y el sabio Bauzá, junto con su cohorte de súbditos hoteleros y banqueros pelotas, es capaz de cuantificar como incalculables los enormes beneficios económicos de la permanencia real o principesca unos pocos días al año.

Es de todos conocido que los turistas británicos y alemanes, los del todo incluido y fast food y sol y playa, eligen Mallorca porque a veces viene su majestad Juan Carlos I de España (o la reina, o los príncipes de Asturias, o las infantas...).

Seguro que el turismo español que, debido a la crisis económica, ha volado más cerca de la península, y ha aterrizado en Les Illes, lo ha hecho por encontrarse en las calles de Palma a la reina Sofía de compras. O al supercampechano rey Juan Carlos cenando en Port Portals. O al príncipe Felipe y familia dándose una vuelta en el tren y el tranvía de Sóller, o por el Real Club Náutico de Palma.

Qué austera es nuestra monarquía parlamentaria (ya saben, de las más baratas y menos transparentes de Europa). Se recorta los sueldos. Usa el barco Fortuna ("regalo" de los hoteleros y banqueros baleares a Patrimonio Nacional, para uso exclusivo de sus altezas reales) sólo cuando sale a navegar "en pruebas"; hay que ahorrar los miles de euros que nos cuesta a los españolitos llenar su depósito de carburante.

Y, el jefe del Estado (por la gracia genética), el rey cazador, llega incluso a disculparse tras su (enésima) cacería de elefantes: "lo siento mucho; me he equivocado; no volverá a ocurrir"; frase con la que nos han torturado durante semanas.

Si el señor Saridakis levantara la cabeza.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Palma (de Mallorca)

Mariano Rajoy no para de decir (antes y después de las elecciones, reconozcámoslo) que hay que aplicar el sentido común; hacer las cosas como Dios manda; y hacer "lo que hay que hacer".

Y su franquicia del PP en Balears, es de suponer que debe ser muy aplicada en lo de utilizar el sentido común, y en solidarizarse con la cruzada de D. Mariano contra las "ocurrencias". Y, seguramente por esa máxima, ha decidido cambiar la Ley de Capitalidad. Además de por los asuntillos urbanísticos, quitándose de enmedio al Consell de Mallorca (mejor la disciplina urbanística sin testigos); cambiando la denominación de la capital de las Illes Balears, a la de "Palma de Mallorca".

El Ajuntament de Palma (de Mallorca) ya lo bendijo en un pleno celebrado en febrero; a sumar a otra de las propuestas programáticas estrella ejecutadas por el batlle Isern, como es el carísimo cambio de trazado del carril bici. El Parlament lo ha ratificado el 29 de mayo. En ambos casos con el único apoyo del Partido Popular.

La excusa esgrimida por el PP es la "marca" turística. Ya sabemos que en las Balears nos debemos al turismo; aunque van pasando las décadas y, además de las quejas de la industria turística ("la temporada podría haber sido mejor"), nadie (o muy pocos) apuestan (o quieren apostar) por un turismo que supere la calidad del "sol y playa" y el "pan para hoy y hambre para mañana".

Se ve que a los alemanes les parece excesivamente corto el topónimo Palma, para denominar a su decimoséptimo Länder.

Al PP le dan igual los argumentos históricos utilizados por la oposición, para justificar la no inclusión "de Mallorca". Es que los nacionalistas y los socialistas son muy pesados, y sólo buscan distraer al pueblo balear de los obedientes tijeretazos del "popular" president Bauzá, en busca de la felicidad que quiere devolver Rajoy.

Los balearicos podemos dormir tranquilos. Nuestro gobierno autonómico ha contribuido a reforzar la industria turística y, por ende, a mejorar la prima de riesgo del Reino de España.

Me temo que el cambio al topónimo extralargo no garantizará que los informativos sigan ubicando en Palma de Mallorca las noticias acaecidas en cualquier punto geográfico del Regne de Mallorca; ya sea en la Part Forana (fuera de Palma) o en Ciutat (Palma).

Deberían seguir aplicando ese magnífico sentido común con el resto de localidades mallorquinas (y porqué no, del resto de Les Illes). Ejemplos: Sa Pobla de Mallorca; Felanitx de Mallorca; Alcúdia de Mallorca; Pollença de Mallorca; Lluc de Mallorca; Deià de Mallorca; Andratx de Mallorca; Sóller de Mallorca ... Idò.