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viernes, 4 de abril de 2014

Niños robados: 'Philomena', de Stephen Frears

​No se dejen condicionar por el hecho de que Philomena no obtuvo ningún galardón, en la edición de este año de los Premios Óscar. La actriz protagonista, Judi Dench (Philomena Lee), hizo méritos más que suficientes para haber sido premiada con el Óscar. Estamos acostumbrados a estas previsibles decepciones. No cuestiono que la estatuilla fuera entregada, finalmente, a Cate Blanchett por su espléndida interpretación en Blue Jasmine.

La película del cercano y magistral director británico Stephen Frears, está basada en la historia verídica del libro "The Lost Child Of Philomena Lee" (Martin Sixsmith, 2009). Con guión del propio Sixsmith y de Jeff Pope.

La sinceramente católica Philomena Lee, con una fe imperturbable en Dios y en el género humano, acude al periodista Martin Sixsmith (Steve Coogan), buscando ayuda para localizar a su hijo (Michael A. Hess). Hijo que le fue arrebatado hace cuatro décadas (cuando ella era adolescente) por unas monjas de un convento irlandés. Las monjas se preocupaban de dotar a sus piadosos actos de la legalidad de la adopción, mediante leoninos contratos que las eximían de toda responsabilidad. Y el cobro, Dios mediante, de las pertinentes compensaciones económicas.

El defenestrado periodista político Sixsmith, instalado en una vida cómoda y acomodada, acepta el trabajo como una inyección que reactive su carrera, emolumentos y prestigio profesional. Mira por encima del hombro a la humilde Philomena; sintiéndose en superioridad intelectual y de clase social. Martin desprecia que Philomena siga creyendo en el mismo Dios de las monjas, que vendieron a su pequeño hijo a una familia norteamericana, alejándolo a miles de kilómetros.

El dolor que le provoca a Philomena descubrir que su primer vástago ha muerto (víctima del SIDA, a mediados de los noventa), queda en parte compensado a medida que descubre datos de su vida. Disfrutó de una buena posición social y profesional –con un cargo importante en la ultraconservadora Administración de Bush padre–; aunque también tuvo que sufrir el desprecio homófobo, y el precio de esconder su homosexualidad. Philomena en ningún momento juzga, ni manifiesta que la iglesia católica pueda condenar la condición sexual de su hijo (la cual intuyó cuando era niño, y confirmó viendo sus fotografías más recientes).

Una de las demoledoras lecciones éticas de Philomena se produce en el vuelo a EE UU (en clase turista). Martin es saludado por un periodista conocido, que viaja en primera. Philomena comenta después: ​"No por ir en primera se es una persona de primera".​

​La indignación de Martin se transforma en ira, cuando descubren que Michael viajó a Irlanda con su compañero, poco antes de morir, intentando localizar a su madre biológica. Le contaron que ésta le había abandonado. El silencio de la monja conocedora de los hechos, consintió la mentira e impidió el reencuentro. Quiso ser enterrado en el cementerio del convento, en su Irlanda natal. Philomena vuelve a dar otra lección al periodista de investigación, perdonando a la iluminada y soberbia monja. Entonces Sixsmith comprende que, realmente, Philomena y él no están en posiciones antagónicas. Pueden converger –y, de hecho, convergen– en un mismo camino. Uno, desde el ateísmo (agnosticismo); la otra, desde su profundo y sentido catolicismo ​(cristianismo). La escenificación de esa convergencia, reconocimiento y respeto, pasa por la visita a la tumba de Michael –con la ofrenda de una figurilla religiosa comprada por Martin en el convento–. Y por el cambio de criterio de Philomena: pide expresamente a Martin –decidido a guardar silencio– que escriba la historia (su historia).

​Esta deliciosa y dramática película, con pinceladas de comedia, me recuerda otras historias. Como la de los niños secuestrados, de padres generalmente ejecutados, en las dictaduras militares americanas. O la de los niños y bebés robados en la posguerra civil española; casos que abarcan hasta los años ochenta. Ladrones investidos de autoridad que mentían a los progenitores, diciéndoles que sus bebés, recién nacidos, habían muerto. Enseñando, cuando les era exigido ver el cuerpo, otro cadáver (habitualmente el mismo, conservado en la cámara frigorífica). Se erigían en jueces todopoderosos que, de una forma cobarde, vil y cruel, decidían el futuro de las criaturas y de sus padres o madres "descarriadas". Apoyándose en perversas maquinaciones pseudomorales; como el hecho de tener más hijos, o los casos de gemelos o mellizos: era justificación bastante para arrebatar al nuevo retoño. Familias adoptivas que, cuando eran de clase humilde, pagaban a su hijo o hija a plazos (durante años), y, en numerosas ocasiones, sin saber la verdadera historia.

La infamia ya se produjo, en nuestro civilizado y democrático país, con los niños republicanos; huérfanos (frecuentemente por asesinato político), o de padres represaliados, expatriados, encarcelados –o, sencillamente, no afectos–. El Estado nacional-católico franquista legalizó el rapto o la apropiación de miles de niños, para entregarlos a militares, funcionarios, y familias pudientes. Personas "de bien", no sospechosas para el criminal régimen represor. Triste recuerdo del comienzo de los cuarenta años de dictadura, que no del terror (iniciado por los militares sediciosos fascistas en 1936), es el aniversario reciente del último parte de guerra. Radiado por Fernández de Córdoba, con solemnidad y entonación militar: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos, 1º abril 1939".

Todos estos casos tienen evidentes nexos en común, de carne y hueso. Alzacuellos, sotanas, hábitos; uniformes, galones y estrellas; cofias y batas blancas; funcionarios. Todos ellos siniestros cómplices y colaboradores necesarios. En nombre de Dios, de la patria, del dinero. Tienes toda la razón, Philomena, no por ir en primera se es una persona de primera.

viernes, 14 de febrero de 2014

'Nebraska': un viaje de cariño y compasión, frente a la decrepitud


Envejecer no tiene ninguna ventaja, declaró Woody Allen: "empiezan a sucederte cosas malas y las opciones se reducen". Esto es lo que no queremos ver y nos resistimos a reconocer, cuando disertamos sobre las ventajas de la experiencia y la serena madurez. Allen, en su búsqueda del sentido de la vida y de​ la​ justifica​ción de ​que merece la pena vivir, no deja de reconocer que él se aferra a la vida como el que más.

Si nos preguntaran cómo nos gustaría morir, probablemente responderíamos: durmiendo. Si la pregunta fuera: ¿cómo querría envejecer?, seguramente las respuestas no serían tan unánimes. Me inclino por una vida digna, por la calidad antes que por la cantidad ​ —de años—: física, biológica, neuronal, psicológica, humana, social, material (salario, vivienda).

Hay algo de todo esto en la deliciosa y a la vez corrosiva Nebraska​ (EE UU, 2013), la película de Alexander Payne ​ ​—Los descendientes;​ ​Paris, je t'aime; ​​Entre copas— recientemente estrenada en España. Tragicómica y dramática. Un regalo, que el director​ hace tiempo tenía en mente rodar​ —recibió el guión años atrás—.

Una historia sencilla y pequeña, que crece grandiosamente en personajes y lenguaje cinematográfico. Payne filma en una acertada fotografía en blanco y negro, a cargo de Phedon Papamichael (B&W), el guión de Bob Nelson. Una ausencia de color que retrata, de forma magistral, a unos personajes y escenarios descoloridos y deprimidos​, pertenecientes a la Norteamérica profunda. Retratos grises que difícilmente reconoceríamos en color aunque los tuviéramos delante de los ojos, tras visionar el filme.

Nos conmueve el anciano (con síntomas de demencia senil​, que apenas puede andar​) Woody Grant​, interpretado genialmente por Bruce Dern. Nos unimos a David (Will Forte), el hijo menor de Woody​ y Kate (una soberbia June Squibb), en su empeño por convencer a su padre de que la carta que ha recibido, anunciando un premio millonario, no es más que un timo. Y, finalmente, nos alivia que no haya conseguido mantener en casa a su tozudo progenitor, y le agradecemos el habernos​ ofrecido​ este perturbador viaje​ a Nebraska.

Los cuatro miembros de la familia están resignados y abandonados en sus respectivas vidas. El padre​, ​en su demencia neuronal; la madre, en su aparente aspereza; David, en su falta de compromiso sentimental; su hermano, Ross (Bob Odenkirk), en su tardío y forzado éxito profesional. David es el único que, valientemente, transmite directa​ y abierta​mente sus sentimientos, comprensión y perdón​,​ a su padre; pese a los malos recuerdos infantiles provocados por el alcoholismo, y la oposición​ (por cobardía,​ por desidia,​ por miedo) del resto de la familia.

Los actores bordan la definición de los personajes; la grandeza y la miseria del género humano. No sabemos muy bien si los actores secundarios son lugareños, o si los lugareños hacen de actores. Entre los familiares y antiguos amigos y conocidos de Woody, que se lanzan como buitres carroñeros al hipotético botín del premio​ —pretendiendo aprovecharse una vez más de​l​ incauto que​ nunca supo decir no—; destacar el papel del exsocio Ed Pegram (Stacy Keach).

He añadido esta película en la lista de las que​ quiero​ visionar por segunda vez​;​ para disfrutar, apreciar y extraer nuevas texturas y matices. Junto a otras como, por citar a otra reciente,​ La gran belleza (Paolo Sorrentino)​ —con Jep Gambardella (Toni Servillo) como maestro de ceremonias—.

No puedo evitar pensar en cómo​ será mi propio viaje, nuestro viaje. Con el agrio convencimiento de un poder que se aboca a condenar a quien no tiene dinero: sin sanidad, sin educación,​ sin cultura,​ sin pensiones, sin asistencia social. A una beneficencia de indigna subsistencia.

Durante el​ corto y emocionalmente intenso​ viaje David transmite cariño, perdón, comprensión y compasión​; a su decrépito, alcohólico y desdentado padre. Y continúa, en el trayecto de vuelta, entregándole​ ​desinteresadamente orgullo y dignidad, que superan con creces al fallido premio. ​Dotan de sentido a un viaje, casi clandestino y piadoso, que puede llegar a ser "un" sentido de la vida.​ Agachándose y escondiéndose cuando el anciano se lo ordena. Sin esperar nada a cambio. Sin la certeza de que Woody lo recuerde al día siguiente —ni siquiera que esté vivo al día siguiente—.

Iniciamos el camino de vuelta,​ desde Hawthorne a Billings (Montana), junto​ a​ David y Woody —en su ansiada furgoneta, sin importarnos que sea de segunda mano—​;​ con​ algunos temores​ y muchas​ incertidumbres, ​pero también, con un cierto alivio.

jueves, 3 de octubre de 2013

El último concierto ('A Late Quartet')

Gustave Flaubert escribió que el futuro nos tortura y el pasado nos encadena, lo cual explica el porqué se nos escapa el presente. Veinticinco años en la vida de una persona son muchos años. Baste con un ejercicio de retrospección personal, en los que nos aproximamos a la cincuentena, a la trayectoria vital desde nuestra época de veinteañeros. Cómo nos hemos ganado la vida y si esa forma fue la que elegimos o nos vino impuesta, a qué hemos renunciado, cómo hemos tratado nuestros sentimientos y relaciones humanas, a qué y a quiénes hemos tenido miedo.

Podemos vernos reflejados en los personajes de la película que nos ocupa; analizar si somos capaces de escapar de la tortura del futuro y romper las cadenas del pasado. Si tenemos el coraje y la valentía de atrapar el presente. "El último concierto" ("A Late Quartet", Estados Unidos, 2012) nos describe los prolegómenos del concierto de celebración del veinticinco aniversario del cuarteto de cuerda "La Fuga". El título en inglés juega con el doble sentido del cuarteto tardío Opus 131 de Beethoven, interpretado en el a la par último concierto de uno de los protagonistas.

El guión de Seth Grossman y Yaron Zilberman describe con gran precisión los cuatro personajes, encarnados por actores magistrales y dirigidos a la perfección por el propio Yaron Zilberman (documental "Watermarks", EE UU, 2004), bajo la batuta de Angelo Badalamenti: el violonchelista Peter Mitchell (Christopher Walken); el segundo violín Robert Gelbart (Philip Seymour Hoffman); el violinista Daniel Lerner (Mark Ivanir); y la violista Juliette Gelbart (Catherine Keener).

Los que no somos expertos en música podemos llegar a la conclusión de que el quinto personaje, Alexandra (Imogen Poots), la hija violinista de Robert y Juliette, desentona. Entiendo su desconsolada rabia por las largas ausencias de su madre a lo largo de su joven vida, a quien cuestiona brutalmente la decisión de traerla a este mundo. No sabemos si en realidad está enamorada de Daniel o si su relación es para herir a Juliette (y a Robert) —pese a la redención final, anteponiendo la continuidad del cuarteto a su relación sentimental—. Con lo cuidada que está la película (como reconocen los expertos) desde la óptica de los detalles musicales y del mimo con los gestos de los músicos concertistas, podemos reconciliarnos con el personaje de Alexandra. Como cuando muestra el sufrimiento de los alumnos talentosos ante sus exigentes, y a veces envidiosos, profesores (Daniel). Contrastan las clases de perfeccionamiento de Alexandra con las que imparte Peter; siendo muy ilustrativa y reveladora la narración a sus alumnos de la anécdota vivida con el gran músico y genial violonchelista catalán Pau Casals.

Los concertistas de "La Fuga" se complementan perfectamente. Pero un acontecimiento inesperado hace que sus monótonas y planificadas vidas se quiebren. A Peter le diagnostican la enfermedad de Parkinson, cuando todavía vive el duelo por la muerte de su mujer. Lo que en principio iba a ser un concierto de celebración, se convierte en el último de la carrera del patriarca del grupo, a quien todos respetan y gracias al cual se mantiene una aparente y profesional cohesión.

Durante dos décadas y media han ido escondiendo, bajo la perfección musical, sus anhelos, ilusiones, esperanzas, celos, envidias, frustraciones, amistad y enemistad. De repente, el párkinson resquebraja la impostada unidad musical, y la infidelidad vengativa de Robert rompe su matrimonio con Juliette.

He visionado esta deliciosa película, esta gran obra menor, en una pequeña sala (de las de un cierto y nostálgico olor a rancio, al no utilizarse ya los ambientadores de limón), de unos pequeños multicines, de una pequeña ciudad. Sobreviven porque pertenecen a un grupo de cines. Y damos gracias que continúen estas pequeñas multisalas, porque las grandes y modernizadas están dedicadas (casi exclusivamente) a las superproducciones, con grandes efectos digitales y escasa o nula calidad de historia cinematográfica. En esta pequeña ciudad, llamada Palma, tenemos la suerte de que otros pequeños multicines (de versión original) fueran reabiertos bajo una cooperativa con aportación ciudadana (se llaman "Cineciutat"). Todo ello pese al ataque continuo a la educación y la cultura, encabezado por el gobierno de España (aquí también por el de Balears).

Veinticinco años de vida son muchos para un cuarteto de cuerda. Veinticinco años son muchos, en la vida de cualquier persona. Las conclusiones vitales, morales y éticas de la película son del espectador. ¿El interés del grupo está por encima de los sentimientos y proyectos individuales? ¿Es el objeto, el bien superior, la continuidad, musical y artística, del cuarteto; o la necesidad de perpetuación del ego de Peter? —escalofriante la mirada al abismo desde la azotea, cuando piensa en el futuro que le deparará su cruel enfermedad—. ¿Es el último o el primer concierto de una nueva era?

"A Late Quartet" es de las películas que, al terminar la proyección, te dejan un buen sabor de boca y de espíritu, que te han transmitido sentimientos y vivencias. Me quedo con la frase que Robert dirige a Daniel: "¿De qué tienes miedo?, ¡desata tu pasión!". (¿De qué tenemos miedo?). Y el cumplimiento de ese deseo reprimido, de esa orden implorada, siquiera por una vez, por un último o primer concierto, cerrando la partitura del Opus 131 de Beethoven. ¡Bravo, maestros!

sábado, 22 de junio de 2013

James Gandolfini, In memoriam

James Joseph Gandolfini, Jr.
(Westwood, Nueva Jersey, 18 de septiembre de 1961 – Roma, Italia, 19 de junio de 2013)

Frases para la historia (de las series) —"El País"—

  • “Mi padre estaba en ello, mi tío estaba en ello, mis amigos estaban en ello. Tal vez fuera demasiado vago como para hacer otra cosa”.
  • “Me da igual que me tengan miedo. ¡Dirijo un negocio, no un puto concurso de popularidad!”.
  • “La vida no tiene cura”.
  • “¿Te acuerdas de la historia sobre el padre toro hablando con su hijo? Desde lo alto de una colina miran a unas vacas y el hijo le dice al padre: ‘¿Por qué no bajamos corriendo y nos follamos a una?’. ¿Te acuerdas de lo que el padre contesta?: ‘¿Por qué no bajamos andando y nos las follamos a todas?”.
  • “Solo jodemos al que merece ser jodido”.
  • “No se caga donde se come. Y mucho menos se caga donde como yo”.
  • “La mierda te arrastra hacia abajo, el dinero fluye hacia arriba. Hay que saber qué corriente quieres seguir”.
  • “No pagaré, sé demasiado sobre extorsión”.
(Tony Soprano)

El País





jueves, 23 de mayo de 2013

Georges Moustaki, In memoriam


«J’ai appris que ce qu’on croit avoir acquis n’est qu’une partie infime de ce qu’il reste à découvrir»

«He aprendido que lo que se cree haber adquirido no es mas que una parte ínfima de lo que queda por descubrir» 

Georges Moustaki.




"Georges Moustaki, le «pâtre grec» de la chanson, est mort"
http://www.lalibre.be/dernieres-depeches/afp/georges-moustaki-le-quotpatre-grecquot-de-la-chanson-est-mort-51b91a29e4b0de6db9cb8b13

"Le marche de Sacco y Vanzetti"



http://youtu.be/s-1Gi8ocgmc

"Maintenant Nicola et Bart,
Vous dormez au fond de nos coeurs,
Vous étiez tous seuls dans la mort,
Mais par elle vous vaincrez!"


"Sans la nommer"


http://youtu.be/ouaytC9njFU

lunes, 31 de diciembre de 2012

Gobierno miserable

Me ha gustado la película de Tom Hopper “Los miserables”. La enésima adaptación, en género musical, de la monumental obra de Victor Hugo (mil páginas). No voy a pedir perdón por ello a la sesuda crítica; a la que no le han agradado el manejo de la cámara, los planos y secuencias, las voces, etc. Me ha convencido Hugh Jackman (expresidiario Jean Valjean); me ha conmovido y emocionado Anne Hathaway (Fantine, madre de Cosette), en su corta e intensa intervención: desgarradora su interpretación de la pieza central "I Dreamed a Dream".

Tras la Revolución Francesa, y la restauración de la monarquía (Monarquía de Julio), el pueblo se levanta en la Insurrección de junio de 1832. Se resiste a vivir míseramente, gobernado por miserables.

Intentan convencernos de que las medidas de gobierno son modernas, equilibradas, progresivas a los recursos económicos de los ciudadanos. Mientras, al estado social de derecho que ha costado décadas de lenta construcción, se le pasa la excavadora y apisonadora, derribándolo en pocos meses. Un año de legislatura, a golpe de decretos leyes, y a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió.

De admitir que sabían lo que se encontraban al llegar al Gobierno, han pasado a quejarse continuamente de la herencia y las mentiras recibidas. Herencia igual o más envenenada, con las mismas o más mentiras, en las comunidades autónomas donde ellos mismos llevan muchos años gobernando.

Del “no más IVA”, en patéticos cánticos y bailes (acompañados de llamamientos a la insumisión fiscal), a subirlo. Impuesto que paga en igual cantidad el rico que el pobre. Nada de una auténtica progresividad en el IRPF. Nada de perseguir el gran fraude fiscal, al contrario: amnistía fiscal para los grandes defraudadores. Nada de un impuesto de sociedades que no pague, en términos efectivos medios, menos que las rentas del trabajo.

De vociferar que el problema del desempleo no está en el coste del despido, a una retrógrada reforma laboral. Que abarata y facilita el despido (camino de los seis millones de parados). Que aumenta considerablemente el poder y arbitrariedad del patrono. Que individualiza las relaciones de trabajo y minimiza el contrapoder sindical y de representación de los trabajadores.

De no tocar las pensiones, a incumplir la revisión y subida anual (y legal). Acompañado de la reducción de la ayuda a la dependencia y a los dependientes y sus cuidadores.

Una enseñanza pública con menos medios y docentes. Más cara para los estudiantes sin recursos, con menos becas, más doctrinaria y católica, menos multilingüe.

Una sanidad no universal. Más cara, incluida la farmacia. Con menos facultativos y sanitarios. Con menos centros de salud y camas hospitalarias. Repartiendo los medios públicos entre los colegas de las empresas de sanidad privada; yendo al rescate si fuera necesario, otra vez con los recursos y dinero públicos.

Una justicia a golpe de tasa. Que busca disuadir a los ciudadanos de acudir a los jueces y tribunales demandando justicia.

La buena noticia es que ya hemos sufrido un año de democrático gobierno del PP. La mala, que nos faltan tres años para agotar la legislatura. Y que, sin saber quiénes ni cómo, vamos a necesitar varios mandatos electorales para contralegislar todo el destrozo que están haciendo. Suponiendo (y es mucho suponer), que se recuperen todos los derechos aniquilados. Nos conducen a una sociedad de la beneficiencia, de la limosna; ésa es su moderna y equilibrada gestión de gobierno.

Lo llaman optimización de recursos y externalización de la gestión. A mí me encaja más la palabra “miserable”, en las acepciones de la RAE: 1. Desdichado, infeliz (pueblo); 2. Abatido, sin valor ni fuerza (ciudadanos); 3. Mezquino (Gobierno); 4. Perverso, abyecto, canalla (gobernantes). Feliz 2013.

sábado, 1 de diciembre de 2012

"LA BARBACOA": La grotesca satisfacción de los omnívoros



« LA BARBACOA
La grotesca satisfacción de los omnívoros.
SINOPSIS La Barbacoa es un documental que refleja la actitud humana con respecto a su propia alimentación a través de documental y de ficción. Personas destacadas de diferentes posiciones socio-culturales: religión, industria cárnica, animalistas, científicos, son entrevistados y transmiten su visión sobre el uso y el abuso de los animales.
EL DIRECTOR Enric Urrutia nace en 1962. En 1986 crea la compañía discográfica y productora audiovisual Transdisc Music SL hasta el año 2007, en el año 2009 funda 4 Barres Produccions Audiovisuals. Enric Urrutia es miembro de la Academia del cine.
Un omnívoro en bicicleta contamina más que
un vegetariano en un todoterreno. 
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www.versusfilms.es