Hace años que descarté la existencia del Estado Social. Tras el visionado del documental "Ciutat Morta" ('Ciudad Muerta'), dirigido por Xavier Artigas y Xapo Ortega, tengo serias dudas de vivir en un Estado de Derecho.
Duro, impactante y de calidad; un revulsivo para las conciencias. Trata sobre el conocido como "caso 4-F" (Barcelona, 2006), sobre el desalojo de un edificio ocupado, que desembocó en la agresión a un agente municipal, por la cual quedó en coma vegetativo. Y en la venganza policial, con la detención irregular y torturas de varios jóvenes; dos de los cuales, Patricia Heras y su amigo, ni siquiera estaban en el lugar de los hechos. Su injusta condena. Y la decisión tomada por Patricia, tras el calvario sufrido, de quitarse la vida. Relato docudramático, de unos hechos brutales, que te revuelven interiormente.
El trabajo es de 2014, y ha obtenido varios reconocimientos. Se ha popularizado a raíz de su emisión (tras múltiples trabas), en enero de este año, en la televisión pública catalana. Eso sí, con los cinco minutos censurados (por orden judicial, y que pueden visionarse en la versión íntegra de Internet) de la comparecencia ante el juez de Víctor Gibanel, ex jefe de información de la Guardia Urbana de Barcelona.
Además del componente humano, y los impactantes testimonios de los protagonistas, es significativo el relato de los hechos por parte de los abogados; las irregularidades de la instrucción –indignante el comportamiento de la tristemente conocida jueza–, y el falso testimonio y torturas policiales. Muy ilustrativamente nos recuerdan que hay jueces en el Tribunal Supremo que juraron las franquistas Leyes Fundamentales del Movimiento. Se afirma, acertadamente, que si bien la (no tan modélica) Transición fue fallida, en el poder judicial ni siquiera se ha efectuado –no olvidemos que un juez, Baltasar Garzón, fue apartado de la carrera judicial por intentar instruir la causa de los crímenes franquistas–. Y que la ideología mayoritariamente conservadora de la judicatura se refleja en las sentencias: es de ilusos pensar que la ideología de los jueces (conservadora o progresista) queda fuera de la redacción de las sentencias.
La Fiscalía se niega a reabrir el caso. El Tribunal Supremo, ¡incrementó las penas de los condenados! El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña se limita a criticar las "descalificaciones gratuitas" del documental. Sólo queda la esperanza de un posible recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y/o la inculpación del verdadero autor material de la agresión.
El documental contribuye a mantener vivo el recuerdo de Patricia Heras y, en cierta forma, a otorgarle la justicia que le fue negada por los tribunales. Patri, In Memoriam.
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¿Vivimos en un Estado de Derecho?: "Ciutat Morta" ('Ciudad Muerta'), documental completo (subtitulado en castellano): http://youtu.be/BF28b04mhck
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domingo, 1 de febrero de 2015
viernes, 4 de abril de 2014
Niños robados: 'Philomena', de Stephen Frears
No se dejen condicionar por el hecho de que Philomena no obtuvo ningún galardón, en la edición de este año de los Premios Óscar. La actriz protagonista, Judi Dench (Philomena Lee), hizo méritos más que suficientes para haber sido premiada con el Óscar. Estamos acostumbrados a estas previsibles decepciones. No cuestiono que la estatuilla fuera entregada, finalmente, a Cate Blanchett por su espléndida interpretación en Blue Jasmine.La película del cercano y magistral director británico Stephen Frears, está basada en la historia verídica del libro "The Lost Child Of Philomena Lee" (Martin Sixsmith, 2009). Con guión del propio Sixsmith y de Jeff Pope.
La sinceramente católica Philomena Lee, con una fe imperturbable en Dios y en el género humano, acude al periodista Martin Sixsmith (Steve Coogan), buscando ayuda para localizar a su hijo (Michael A. Hess). Hijo que le fue arrebatado hace cuatro décadas (cuando ella era adolescente) por unas monjas de un convento irlandés. Las monjas se preocupaban de dotar a sus piadosos actos de la legalidad de la adopción, mediante leoninos contratos que las eximían de toda responsabilidad. Y el cobro, Dios mediante, de las pertinentes compensaciones económicas.
El defenestrado periodista político Sixsmith, instalado en una vida cómoda y acomodada, acepta el trabajo como una inyección que reactive su carrera, emolumentos y prestigio profesional. Mira por encima del hombro a la humilde Philomena; sintiéndose en superioridad intelectual y de clase social. Martin desprecia que Philomena siga creyendo en el mismo Dios de las monjas, que vendieron a su pequeño hijo a una familia norteamericana, alejándolo a miles de kilómetros.
El dolor que le provoca a Philomena descubrir que su primer vástago ha muerto (víctima del SIDA, a mediados de los noventa), queda en parte compensado a medida que descubre datos de su vida. Disfrutó de una buena posición social y profesional –con un cargo importante en la ultraconservadora Administración de Bush padre–; aunque también tuvo que sufrir el desprecio homófobo, y el precio de esconder su homosexualidad. Philomena en ningún momento juzga, ni manifiesta que la iglesia católica pueda condenar la condición sexual de su hijo (la cual intuyó cuando era niño, y confirmó viendo sus fotografías más recientes).
Una de las demoledoras lecciones éticas de Philomena se produce en el vuelo a EE UU (en clase turista). Martin es saludado por un periodista conocido, que viaja en primera. Philomena comenta después: "No por ir en primera se es una persona de primera".
La indignación de Martin se transforma en ira, cuando descubren que Michael viajó a Irlanda con su compañero, poco antes de morir, intentando localizar a su madre biológica. Le contaron que ésta le había abandonado. El silencio de la monja conocedora de los hechos, consintió la mentira e impidió el reencuentro. Quiso ser enterrado en el cementerio del convento, en su Irlanda natal. Philomena vuelve a dar otra lección al periodista de investigación, perdonando a la iluminada y soberbia monja. Entonces Sixsmith comprende que, realmente, Philomena y él no están en posiciones antagónicas. Pueden converger –y, de hecho, convergen– en un mismo camino. Uno, desde el ateísmo (agnosticismo); la otra, desde su profundo y sentido catolicismo (cristianismo). La escenificación de esa convergencia, reconocimiento y respeto, pasa por la visita a la tumba de Michael –con la ofrenda de una figurilla religiosa comprada por Martin en el convento–. Y por el cambio de criterio de Philomena: pide expresamente a Martin –decidido a guardar silencio– que escriba la historia (su historia).
Esta deliciosa y dramática película, con pinceladas de comedia, me recuerda otras historias. Como la de los niños secuestrados, de padres generalmente ejecutados, en las dictaduras militares americanas. O la de los niños y bebés robados en la posguerra civil española; casos que abarcan hasta los años ochenta. Ladrones investidos de autoridad que mentían a los progenitores, diciéndoles que sus bebés, recién nacidos, habían muerto. Enseñando, cuando les era exigido ver el cuerpo, otro cadáver (habitualmente el mismo, conservado en la cámara frigorífica). Se erigían en jueces todopoderosos que, de una forma cobarde, vil y cruel, decidían el futuro de las criaturas y de sus padres o madres "descarriadas". Apoyándose en perversas maquinaciones pseudomorales; como el hecho de tener más hijos, o los casos de gemelos o mellizos: era justificación bastante para arrebatar al nuevo retoño. Familias adoptivas que, cuando eran de clase humilde, pagaban a su hijo o hija a plazos (durante años), y, en numerosas ocasiones, sin saber la verdadera historia.
La infamia ya se produjo, en nuestro civilizado y democrático país, con los niños republicanos; huérfanos (frecuentemente por asesinato político), o de padres represaliados, expatriados, encarcelados –o, sencillamente, no afectos–. El Estado nacional-católico franquista legalizó el rapto o la apropiación de miles de niños, para entregarlos a militares, funcionarios, y familias pudientes. Personas "de bien", no sospechosas para el criminal régimen represor. Triste recuerdo del comienzo de los cuarenta años de dictadura, que no del terror (iniciado por los militares sediciosos fascistas en 1936), es el aniversario reciente del último parte de guerra. Radiado por Fernández de Córdoba, con solemnidad y entonación militar: "En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. El Generalísimo Franco. Burgos, 1º abril 1939".
Todos estos casos tienen evidentes nexos en común, de carne y hueso. Alzacuellos, sotanas, hábitos; uniformes, galones y estrellas; cofias y batas blancas; funcionarios. Todos ellos siniestros cómplices y colaboradores necesarios. En nombre de Dios, de la patria, del dinero. Tienes toda la razón, Philomena, no por ir en primera se es una persona de primera.
viernes, 14 de febrero de 2014
'Nebraska': un viaje de cariño y compasión, frente a la decrepitud

Envejecer no tiene ninguna ventaja, declaró Woody Allen: "empiezan a sucederte cosas malas y las opciones se reducen". Esto es lo que no queremos ver y nos resistimos a reconocer, cuando disertamos sobre las ventajas de la experiencia y la serena madurez. Allen, en su búsqueda del sentido de la vida y de la justificación de que merece la pena vivir, no deja de reconocer que él se aferra a la vida como el que más.
Si nos preguntaran cómo nos gustaría morir, probablemente responderíamos: durmiendo. Si la pregunta fuera: ¿cómo querría envejecer?, seguramente las respuestas no serían tan unánimes. Me inclino por una vida digna, por la calidad antes que por la cantidad —de años—: física, biológica, neuronal, psicológica, humana, social, material (salario, vivienda).
Hay algo de todo esto en la deliciosa y a la vez corrosiva Nebraska (EE UU, 2013), la película de Alexander Payne —Los descendientes; Paris, je t'aime; Entre copas— recientemente estrenada en España. Tragicómica y dramática. Un regalo, que el director hace tiempo tenía en mente rodar —recibió el guión años atrás—.
Una historia sencilla y pequeña, que crece grandiosamente en personajes y lenguaje cinematográfico. Payne filma en una acertada fotografía en blanco y negro, a cargo de Phedon Papamichael (B&W), el guión de Bob Nelson. Una ausencia de color que retrata, de forma magistral, a unos personajes y escenarios descoloridos y deprimidos, pertenecientes a la Norteamérica profunda. Retratos grises que difícilmente reconoceríamos en color aunque los tuviéramos delante de los ojos, tras visionar el filme.
Nos conmueve el anciano (con síntomas de demencia senil, que apenas puede andar) Woody Grant, interpretado genialmente por Bruce Dern. Nos unimos a David (Will Forte), el hijo menor de Woody y Kate (una soberbia June Squibb), en su empeño por convencer a su padre de que la carta que ha recibido, anunciando un premio millonario, no es más que un timo. Y, finalmente, nos alivia que no haya conseguido mantener en casa a su tozudo progenitor, y le agradecemos el habernos ofrecido este perturbador viaje a Nebraska.
Los cuatro miembros de la familia están resignados y abandonados en sus respectivas vidas. El padre, en su demencia neuronal; la madre, en su aparente aspereza; David, en su falta de compromiso sentimental; su hermano, Ross (Bob Odenkirk), en su tardío y forzado éxito profesional. David es el único que, valientemente, transmite directa y abiertamente sus sentimientos, comprensión y perdón, a su padre; pese a los malos recuerdos infantiles provocados por el alcoholismo, y la oposición (por cobardía, por desidia, por miedo) del resto de la familia.
Los actores bordan la definición de los personajes; la grandeza y la miseria del género humano. No sabemos muy bien si los actores secundarios son lugareños, o si los lugareños hacen de actores. Entre los familiares y antiguos amigos y conocidos de Woody, que se lanzan como buitres carroñeros al hipotético botín del premio —pretendiendo aprovecharse una vez más del incauto que nunca supo decir no—; destacar el papel del exsocio Ed Pegram (Stacy Keach).
He añadido esta película en la lista de las que quiero visionar por segunda vez; para disfrutar, apreciar y extraer nuevas texturas y matices. Junto a otras como, por citar a otra reciente, La gran belleza (Paolo Sorrentino) —con Jep Gambardella (Toni Servillo) como maestro de ceremonias—.
No puedo evitar pensar en cómo será mi propio viaje, nuestro viaje. Con el agrio convencimiento de un poder que se aboca a condenar a quien no tiene dinero: sin sanidad, sin educación, sin cultura, sin pensiones, sin asistencia social. A una beneficencia de indigna subsistencia.
Durante el corto y emocionalmente intenso viaje David transmite cariño, perdón, comprensión y compasión; a su decrépito, alcohólico y desdentado padre. Y continúa, en el trayecto de vuelta, entregándole desinteresadamente orgullo y dignidad, que superan con creces al fallido premio. Dotan de sentido a un viaje, casi clandestino y piadoso, que puede llegar a ser "un" sentido de la vida. Agachándose y escondiéndose cuando el anciano se lo ordena. Sin esperar nada a cambio. Sin la certeza de que Woody lo recuerde al día siguiente —ni siquiera que esté vivo al día siguiente—.
Iniciamos el camino de vuelta, desde Hawthorne a Billings (Montana), junto a David y Woody —en su ansiada furgoneta, sin importarnos que sea de segunda mano—; con algunos temores y muchas incertidumbres, pero también, con un cierto alivio.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Mirar con los ojos cerrados
“Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Solo a través del amor y la amistad podemos crearnos la ilusión por un momento, de que no estamos solos” (Orson Welles). Entre ambas íntimas soledades biológicas, y también físicas, del nacimiento y de la muerte, nos queda el camino (más o menos largo) de la vida.
He estado convaleciente —aún lo estoy, reincorporándome paulatinamente al mundo de los videntes— durante varias semanas, debido a una intervención quirúrgica ocular de vítreo-retina. Son varias las reflexiones de la experiencia. El aprecio de la salud resalta cuando careces de ella; el recuerdo de la falta de visión, en sus últimos años de vida, de mi madre; la mayor comprensión, y solidaridad, con los invidentes y personas con problemas visuales. Y el privilegio de haber sido intervenido en pocos días; y el apoyo y cuidados de mi familia más cercana.
También he comprobado lo efímero y etéreo de la vida digital. Si en las redes sociales no tuiteas y retuiteas, publicas en el muro, pulsas un "me gusta" o un "más"; entras en un estado de coma vegetativo virtual. La amistad digital queda absorbida por la impersonalidad electrónica de Internet.
La dificultad para leer, y el deslumbramiento y molestias originadas por la luz y las pantallas, me conducían a descansar cerrando los ojos intermitentemente. A ratos escuchaba música, a ratos escuchaba la radio; y también escuchaba la televisión. En esta oscuridad terapéutica y sonora, he ido observando y apuntando retazos sobre las reflexiones de los acontecimientos, sociales y políticos, de estas últimas semanas.
Hace años que distintos juristas, atrevidos en su momento, advirtieron de la dudosa legalidad de la llamada "doctrina Parot". Se hizo ingeniería jurídica para sortear el principio de irretroactividad penal. El retraso de más de dos décadas en modificar el Código Penal de 1973 (franquista), se pretendió suplir actuando sobre los beneficios penitenciarios en el cumplimiento de las penas: aplicando la reducción de pena sobre la totalidad de la condena (y no sobre la pena máxima de prisión); elemento modificado en la reforma de 1995 (que entró en vigor en 1996). Y la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dado la razón a esos juristas, sentenciando que dicha doctrina viola dos artículos de la Convención Europea de Derechos Humanos. De los diecisiete jueces (de reconocido prestigio) de la Gran Sala del TEDH, ha sido el "socialista" juez español el que ha "engañado" a otros quince; siendo "culpable" de la anulación de la doctrina y de la consiguiente puesta en libertad de asesinos en serie, terroristas y violadores.
Continuando con los razonamientos jurídicos, sin abandonarnos en los instintos y sentimientos viscerales, algo más desapercibida ha pasado una sentencia del Tribunal Constitucional (TC). Con una sala de lo social muy dividida, el alto tribunal considera que la extinción del contrato de trabajo en el período de prueba (desistimiento empresarial) de una embarazada (cuyo estado de gestación era, parece ser, desconocido por la empresa), no es despido nulo. El TC deniega el amparo ante un supuesto que, de haberse producido en un contrato con el período de prueba superado, se hubiese sentenciado como despido nulo. No hay lesión de derechos fundamentales; no hay vulneración de la tutela judicial efectiva, en relación con el derecho a la no discriminación por razón de sexo. Un coladero, para que los empresarios se deshagan de las trabajadoras embarazadas en los (cada vez más dilatados) períodos de prueba. Lo votos particulares de los magistrados que se negaron a apoyar semejante tesis, difícilmente van a sonrojar a los que firman la sentencia; ni a lavar los malos presagios con los que empieza la nueva etapa de mayoría conservadora en el tribunal. El reparto político de sillones, judiciales o no, impregna todo de una desagradable pestilencia.
Eurovegas. Por una vez Bruselas sirve para algo. A Al Capone no le encarcelaron por mafioso; le condenaron por fraude fiscal. El lupanar del Eurovegas-Alcorcón de Sheldon Adelson no se queda en Madrid. Y no por la negativa de los gobiernos estatal, autonómico y local, a disminuir (todavía más) los derechos laborales; o por la negativa a permitir que los camareros contraigan cáncer de pulmón por autorizar fumar (quebrando la ley antitabaco); o por regalarle una fiscalidad de saldo —y otra interminable lista de vergonzosas prebendas—. No se instala porque la Unión Europea considera que "atenta contra la libre competencia del juego". El decrépito Adelson se lleva su decrépito modelo de negocio a Asia. Probablemente les ha estado vacilando durante meses a Aguirre, González, Mato, Báñez, Rajoy...; mientras el Partido Popular se arrastraba y entonaba a coro un patético "Bienvenido Mister Adelson". Y posiblemente ha utilizado a España como moneda de cambio y regateo con otros destinos preferidos. No deja de ser paradójico: el Gobierno de España presume de que cada vez nos parecemos más a Asia —la Asia de Europa—, con las bajadas de salarios y pérdida de derechos sociolaborales; a la par que Asia se europeíza tímidamente, incrementando salarios y derechos.
Endurecimiento (más aún) del Código Penal, a golpe de titular de prensa. Y de la Ley de Seguridad Ciudadana, para infundir un carísimo miedo a las protestas; acallando el descontento a golpe de multas administrativas, ejerciendo el Estado gubernativo de juez y parte —ya que no les agradan las sentencias judiciales que no condenan a los manifestantes—; y refuerzo e incremento de materiales antidisturbios. Como muy bien dice Javier Marías: leyes neofranquistas. Para reforzar este incremento represivo el ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, va a custodiar, mediante vigilancia policial, cada gestación y a cada gestante; sirviéndose de la nueva Ley de interrupción del embarazo. Añora don Alberto los tiempos pasados de la peligrosa clandestinidad, en los que los padres pudientes enviaban a sus hijas a abortar a Londres; esos mismos padres declarados antiabortistas, que acuden a las manifestaciones convocadas por la jerarquía católica. No digamos nada de la vileza de excluir en la ley el supuesto de graves malformaciones fetales. Entendemos porqué su padre dijo: "mi hijo Alberto, ese sí que es de derechas". El ministro del Interior, Jorge Fernández, ilustre miembro del Opus, sale en defensa de las concertinas de la frontera africana; esas cuchillas que pasivamente desgarran la piel. El ministro Fernández demuestra lo gran católico que es, y lo poco cristiano. Líbrenos Dios de semejantes gobernantes.
Eliminación del pago a cargo del FOGASA del 40% de la indemnización del despido objetivo, en empresas de menos de 25 trabajadores. A la ministra de Empleo, Fátima Báñez, se le ha aparecido la Vírgen del Rocío —a la que tanto inboca—, para que se entere de una vez que el abaratamiento del despido produce su incremento. Los ciudadanos vamos a dejar de subvencionar nuestros propios despidos. Y para celebrarlo, los empresarios están despidiendo a mansalva, antes de la entrada en vigor en enero de la "contrarreforma".
Del gobierno del PP, que también sufrimos en las Illes Balears, podríamos emplear varias columnas. Sólo citaré una de las últimas ruindades de nuestro farmacéutico 'president', José Ramón Bauzá. Ningún representante del Ejecutivo autonómico asistió al acto de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (RAE), el pasado noviembre, de la escritora mallorquina Carme Riera. Sin embargo Bauzá, por las mismas fechas, sí hizo hueco en su agenda para asistir a la fiesta del diario "La Razón". ¿Es porque Riera escribe en catalán? También escribe en castellano; además de ser, a mayor abundamiento, catedrática de literatura castellana. Las disculpas posteriores del 'president', con la boca pequeña, de poco nos sirven. Es más, estamos hartos de falsas disculpas, y escasos de dimisiones; especialmente de políticos de tan poca talla, y grande desvergüenza. Nos quedamos con las sabias palabras de Carme: "No me hacían falta los políticos, pero lamento su ausencia por los mallorquines". "Los amigos compensaron otros vacíos, aunque no me hacía ninguna especial ilusión que acudieran los gobernantes isleños".
En las televisiones continúan las legiones retribuidas de contertulios. Las mismas caras en diferentes cadenas, y en distintos programas del mismo medio o grupo de comunicación. Grandes opinadores, sabios y expertos en cualquier área y disciplina; pero con un denominador común, en los grandes medios de comunicación: el casi nulo cuestionamiento, directo o indirecto, del poder mercantil y del sistema capitalista.
Entre los programas con cierto calambre en las conciencias, está el "Salvados", de Jordi Évole. Y el humor ácido de "El Intermedio", de El Gran Wyoming —José Miguel Monzón gana cuando se pone serio en artículos de prensa, libros, y entrevistas (como la que le hicieron en "La Sexta Noche")—. A continuación destaco lo que considero más relevante de los últimos programas de "Salvados" (participaciones preferentes; entrevista a Pérez-Reverte; precariedad laboral; lavado de dinero negro).
Participaciones preferentes. Producto híbrido, complejo y perpetuo donde los haya, ruina de miles de familias humildes estafadas. Un presidente de la CNMV (Manuel Conthe) prohíbe su comercialización (sin denuncias de los bancos ni consecuencias legales); el siguiente (Julio Segura) la reactiva, porque caso contrario "hubiera sido prevaricación". Habla un exdirector de Caja Madrid (Bankia), que suponemos abandonó el banco de cajas con el ERE de 2012 (no sabemos si por voluntad propia, o por "invitación"): vendió un millón de euros de preferentes en su oficina, porque el resumen del producto y las cuentas (falseadas) de la Entidad no le hacían dudar. ¿Y eso justifica el vender el producto como un plazo fijo, o con el preceptivo test de conocimientos financieros del inversor rellenado previamente por la sucursal? Ocultar algunas de las características de un producto es una forma de mentir. El exdirector dice que ahora intenta recuperar el dinero que le colocó a familiares y amigos; lo que no cuenta es la retribución variable y demás beneficios que le reportaron, a él y a su oficina (y a la Entidad, que dirían Blesa y sus directivos), el cumplimiento de los objetivos marcados.
Al hilo del rey de las preferentes. Salen a la luz algunos de los miles de correos del expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, el meritorio recomendado de José María Aznar. Estos correos se encuentran en el limbo judicial, porque son del ámbito privado; extraña interpretación, cuando corresponden a la cuenta de correo corporativo del expresidente. Están repletos de tratos de favor, a amiguetes y políticos, pagados a precio de oro con el dinero de la Caja. Irónicamente le contesta al hijo de Aznar que Caja Madrid no es su cortijo; quién lo diría, con el contenido de lo poco que hemos leído, habiendo actuado y vivido como un señorito (con la asistencia de capataces políticos y sindicalistas), o como mandado del señorito Aznar. El pobre Blesa está preocupado por conseguir un juez imparcial; y porque le hayan arruinado su reputación y vida profesional. No le preocupa nada haber arruinado (con la ayuda de Rato) a la Caja madrileña. Tampoco se le veía muy preocupado años atrás, en su suntuoso nivel de vida; o rodeado de las cabezas de sus piezas de caza.
Pérez-Reverte. En la tormentosa relación de lector, atracción/repulsión, que mantengo con el académico de la lengua don Arturo; coincido con él en dos afirmaciones vertidas en la entrevista de Jordi Évole. La primera, que la gente está deseando y esperando a que termine la crisis, para hacer exactamente lo mismo que antes de que estallara. La segunda, que en España nos ha faltado una guillotina —léase una revolución a la francesa, cortando y rodando determinadas cabezas—.
Precariedad laboral. Vemos a sindicalistas y trabajadores veteranos de la industria del automóvil, defender las dobles escalas salariales: salarios sensiblemente inferiores del personal de nueva entrada; y menos beneficios sociales para este grupo de menor antigüedad. A cambio de qué: teóricamente del mantenimiento del empleo (y de los beneficios de los más antiguos, claro). Pero los patronos son insaciables, siempre hay salarios, derechos y puestos de trabajo por recortar. También escuchamos a un sindicalista francés —sí, la misma Francia republicana y revolucionaria que citábamos arriba—, y la lucha por evitar el cierre de la fábrica metalúrgica de su localidad. Le oímos relatar cómo unos cincuenta trabajadores luchaban por los puestos de trabajo de dos mil; encontrándose con el juego sucio del multimillonario empresario y la indiferencia e incomprensión del resto de compañeros —los mismos compañeros que les daban palmaditas en la espalda, cuando consiguieron que la fábrica no se cerrara—. Malos tiempos para la solidaridad y la lucha obreras.
También nos instruimos en lo fácil que es, para el poder económico y financiero, lavar el dinero negro. Tan solo hacen falta dos cosas: falta de escrúpulos, y mucho dinero.
Los españoles somos expertos en perder la fuerza por la boca. En Navidad compartimos mesa con los compañeros de trabajo, jefes, u otras personas que nos han hecho la vida imposible el resto del año. Sin embargo, el librarnos de estos gobernantes tiene una solución más sencilla, que se podrá ejercitar dentro de dos años. Se llama elecciones, a través de unas papeletas que se depositan en urnas. No sería necesario recordarlo, ahora que es difícil encontrar ciudadanos (trabajadores, pensionistas, desempleados...) que reconozcan haber votado al PP.
"Vivir es fácil con los ojos cerrados", se titula la última y reciente película del director David Trueba. "Malinterpretando todo lo que ves", añade John Lennon en la canción de 'The Beatles' "Strawberry Fields Forever".
Mirar es fácil con los ojos cerrados. Interpretando críticamente lo que vemos.
He estado convaleciente —aún lo estoy, reincorporándome paulatinamente al mundo de los videntes— durante varias semanas, debido a una intervención quirúrgica ocular de vítreo-retina. Son varias las reflexiones de la experiencia. El aprecio de la salud resalta cuando careces de ella; el recuerdo de la falta de visión, en sus últimos años de vida, de mi madre; la mayor comprensión, y solidaridad, con los invidentes y personas con problemas visuales. Y el privilegio de haber sido intervenido en pocos días; y el apoyo y cuidados de mi familia más cercana.
También he comprobado lo efímero y etéreo de la vida digital. Si en las redes sociales no tuiteas y retuiteas, publicas en el muro, pulsas un "me gusta" o un "más"; entras en un estado de coma vegetativo virtual. La amistad digital queda absorbida por la impersonalidad electrónica de Internet.
La dificultad para leer, y el deslumbramiento y molestias originadas por la luz y las pantallas, me conducían a descansar cerrando los ojos intermitentemente. A ratos escuchaba música, a ratos escuchaba la radio; y también escuchaba la televisión. En esta oscuridad terapéutica y sonora, he ido observando y apuntando retazos sobre las reflexiones de los acontecimientos, sociales y políticos, de estas últimas semanas.
Hace años que distintos juristas, atrevidos en su momento, advirtieron de la dudosa legalidad de la llamada "doctrina Parot". Se hizo ingeniería jurídica para sortear el principio de irretroactividad penal. El retraso de más de dos décadas en modificar el Código Penal de 1973 (franquista), se pretendió suplir actuando sobre los beneficios penitenciarios en el cumplimiento de las penas: aplicando la reducción de pena sobre la totalidad de la condena (y no sobre la pena máxima de prisión); elemento modificado en la reforma de 1995 (que entró en vigor en 1996). Y la Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha dado la razón a esos juristas, sentenciando que dicha doctrina viola dos artículos de la Convención Europea de Derechos Humanos. De los diecisiete jueces (de reconocido prestigio) de la Gran Sala del TEDH, ha sido el "socialista" juez español el que ha "engañado" a otros quince; siendo "culpable" de la anulación de la doctrina y de la consiguiente puesta en libertad de asesinos en serie, terroristas y violadores.
Continuando con los razonamientos jurídicos, sin abandonarnos en los instintos y sentimientos viscerales, algo más desapercibida ha pasado una sentencia del Tribunal Constitucional (TC). Con una sala de lo social muy dividida, el alto tribunal considera que la extinción del contrato de trabajo en el período de prueba (desistimiento empresarial) de una embarazada (cuyo estado de gestación era, parece ser, desconocido por la empresa), no es despido nulo. El TC deniega el amparo ante un supuesto que, de haberse producido en un contrato con el período de prueba superado, se hubiese sentenciado como despido nulo. No hay lesión de derechos fundamentales; no hay vulneración de la tutela judicial efectiva, en relación con el derecho a la no discriminación por razón de sexo. Un coladero, para que los empresarios se deshagan de las trabajadoras embarazadas en los (cada vez más dilatados) períodos de prueba. Lo votos particulares de los magistrados que se negaron a apoyar semejante tesis, difícilmente van a sonrojar a los que firman la sentencia; ni a lavar los malos presagios con los que empieza la nueva etapa de mayoría conservadora en el tribunal. El reparto político de sillones, judiciales o no, impregna todo de una desagradable pestilencia.
Eurovegas. Por una vez Bruselas sirve para algo. A Al Capone no le encarcelaron por mafioso; le condenaron por fraude fiscal. El lupanar del Eurovegas-Alcorcón de Sheldon Adelson no se queda en Madrid. Y no por la negativa de los gobiernos estatal, autonómico y local, a disminuir (todavía más) los derechos laborales; o por la negativa a permitir que los camareros contraigan cáncer de pulmón por autorizar fumar (quebrando la ley antitabaco); o por regalarle una fiscalidad de saldo —y otra interminable lista de vergonzosas prebendas—. No se instala porque la Unión Europea considera que "atenta contra la libre competencia del juego". El decrépito Adelson se lleva su decrépito modelo de negocio a Asia. Probablemente les ha estado vacilando durante meses a Aguirre, González, Mato, Báñez, Rajoy...; mientras el Partido Popular se arrastraba y entonaba a coro un patético "Bienvenido Mister Adelson". Y posiblemente ha utilizado a España como moneda de cambio y regateo con otros destinos preferidos. No deja de ser paradójico: el Gobierno de España presume de que cada vez nos parecemos más a Asia —la Asia de Europa—, con las bajadas de salarios y pérdida de derechos sociolaborales; a la par que Asia se europeíza tímidamente, incrementando salarios y derechos.
Endurecimiento (más aún) del Código Penal, a golpe de titular de prensa. Y de la Ley de Seguridad Ciudadana, para infundir un carísimo miedo a las protestas; acallando el descontento a golpe de multas administrativas, ejerciendo el Estado gubernativo de juez y parte —ya que no les agradan las sentencias judiciales que no condenan a los manifestantes—; y refuerzo e incremento de materiales antidisturbios. Como muy bien dice Javier Marías: leyes neofranquistas. Para reforzar este incremento represivo el ministro de Justicia, Ruiz-Gallardón, va a custodiar, mediante vigilancia policial, cada gestación y a cada gestante; sirviéndose de la nueva Ley de interrupción del embarazo. Añora don Alberto los tiempos pasados de la peligrosa clandestinidad, en los que los padres pudientes enviaban a sus hijas a abortar a Londres; esos mismos padres declarados antiabortistas, que acuden a las manifestaciones convocadas por la jerarquía católica. No digamos nada de la vileza de excluir en la ley el supuesto de graves malformaciones fetales. Entendemos porqué su padre dijo: "mi hijo Alberto, ese sí que es de derechas". El ministro del Interior, Jorge Fernández, ilustre miembro del Opus, sale en defensa de las concertinas de la frontera africana; esas cuchillas que pasivamente desgarran la piel. El ministro Fernández demuestra lo gran católico que es, y lo poco cristiano. Líbrenos Dios de semejantes gobernantes.
Eliminación del pago a cargo del FOGASA del 40% de la indemnización del despido objetivo, en empresas de menos de 25 trabajadores. A la ministra de Empleo, Fátima Báñez, se le ha aparecido la Vírgen del Rocío —a la que tanto inboca—, para que se entere de una vez que el abaratamiento del despido produce su incremento. Los ciudadanos vamos a dejar de subvencionar nuestros propios despidos. Y para celebrarlo, los empresarios están despidiendo a mansalva, antes de la entrada en vigor en enero de la "contrarreforma".
Del gobierno del PP, que también sufrimos en las Illes Balears, podríamos emplear varias columnas. Sólo citaré una de las últimas ruindades de nuestro farmacéutico 'president', José Ramón Bauzá. Ningún representante del Ejecutivo autonómico asistió al acto de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (RAE), el pasado noviembre, de la escritora mallorquina Carme Riera. Sin embargo Bauzá, por las mismas fechas, sí hizo hueco en su agenda para asistir a la fiesta del diario "La Razón". ¿Es porque Riera escribe en catalán? También escribe en castellano; además de ser, a mayor abundamiento, catedrática de literatura castellana. Las disculpas posteriores del 'president', con la boca pequeña, de poco nos sirven. Es más, estamos hartos de falsas disculpas, y escasos de dimisiones; especialmente de políticos de tan poca talla, y grande desvergüenza. Nos quedamos con las sabias palabras de Carme: "No me hacían falta los políticos, pero lamento su ausencia por los mallorquines". "Los amigos compensaron otros vacíos, aunque no me hacía ninguna especial ilusión que acudieran los gobernantes isleños".
En las televisiones continúan las legiones retribuidas de contertulios. Las mismas caras en diferentes cadenas, y en distintos programas del mismo medio o grupo de comunicación. Grandes opinadores, sabios y expertos en cualquier área y disciplina; pero con un denominador común, en los grandes medios de comunicación: el casi nulo cuestionamiento, directo o indirecto, del poder mercantil y del sistema capitalista.
Entre los programas con cierto calambre en las conciencias, está el "Salvados", de Jordi Évole. Y el humor ácido de "El Intermedio", de El Gran Wyoming —José Miguel Monzón gana cuando se pone serio en artículos de prensa, libros, y entrevistas (como la que le hicieron en "La Sexta Noche")—. A continuación destaco lo que considero más relevante de los últimos programas de "Salvados" (participaciones preferentes; entrevista a Pérez-Reverte; precariedad laboral; lavado de dinero negro).
Participaciones preferentes. Producto híbrido, complejo y perpetuo donde los haya, ruina de miles de familias humildes estafadas. Un presidente de la CNMV (Manuel Conthe) prohíbe su comercialización (sin denuncias de los bancos ni consecuencias legales); el siguiente (Julio Segura) la reactiva, porque caso contrario "hubiera sido prevaricación". Habla un exdirector de Caja Madrid (Bankia), que suponemos abandonó el banco de cajas con el ERE de 2012 (no sabemos si por voluntad propia, o por "invitación"): vendió un millón de euros de preferentes en su oficina, porque el resumen del producto y las cuentas (falseadas) de la Entidad no le hacían dudar. ¿Y eso justifica el vender el producto como un plazo fijo, o con el preceptivo test de conocimientos financieros del inversor rellenado previamente por la sucursal? Ocultar algunas de las características de un producto es una forma de mentir. El exdirector dice que ahora intenta recuperar el dinero que le colocó a familiares y amigos; lo que no cuenta es la retribución variable y demás beneficios que le reportaron, a él y a su oficina (y a la Entidad, que dirían Blesa y sus directivos), el cumplimiento de los objetivos marcados.
Al hilo del rey de las preferentes. Salen a la luz algunos de los miles de correos del expresidente de Caja Madrid, Miguel Blesa, el meritorio recomendado de José María Aznar. Estos correos se encuentran en el limbo judicial, porque son del ámbito privado; extraña interpretación, cuando corresponden a la cuenta de correo corporativo del expresidente. Están repletos de tratos de favor, a amiguetes y políticos, pagados a precio de oro con el dinero de la Caja. Irónicamente le contesta al hijo de Aznar que Caja Madrid no es su cortijo; quién lo diría, con el contenido de lo poco que hemos leído, habiendo actuado y vivido como un señorito (con la asistencia de capataces políticos y sindicalistas), o como mandado del señorito Aznar. El pobre Blesa está preocupado por conseguir un juez imparcial; y porque le hayan arruinado su reputación y vida profesional. No le preocupa nada haber arruinado (con la ayuda de Rato) a la Caja madrileña. Tampoco se le veía muy preocupado años atrás, en su suntuoso nivel de vida; o rodeado de las cabezas de sus piezas de caza.
Pérez-Reverte. En la tormentosa relación de lector, atracción/repulsión, que mantengo con el académico de la lengua don Arturo; coincido con él en dos afirmaciones vertidas en la entrevista de Jordi Évole. La primera, que la gente está deseando y esperando a que termine la crisis, para hacer exactamente lo mismo que antes de que estallara. La segunda, que en España nos ha faltado una guillotina —léase una revolución a la francesa, cortando y rodando determinadas cabezas—.
Precariedad laboral. Vemos a sindicalistas y trabajadores veteranos de la industria del automóvil, defender las dobles escalas salariales: salarios sensiblemente inferiores del personal de nueva entrada; y menos beneficios sociales para este grupo de menor antigüedad. A cambio de qué: teóricamente del mantenimiento del empleo (y de los beneficios de los más antiguos, claro). Pero los patronos son insaciables, siempre hay salarios, derechos y puestos de trabajo por recortar. También escuchamos a un sindicalista francés —sí, la misma Francia republicana y revolucionaria que citábamos arriba—, y la lucha por evitar el cierre de la fábrica metalúrgica de su localidad. Le oímos relatar cómo unos cincuenta trabajadores luchaban por los puestos de trabajo de dos mil; encontrándose con el juego sucio del multimillonario empresario y la indiferencia e incomprensión del resto de compañeros —los mismos compañeros que les daban palmaditas en la espalda, cuando consiguieron que la fábrica no se cerrara—. Malos tiempos para la solidaridad y la lucha obreras.
También nos instruimos en lo fácil que es, para el poder económico y financiero, lavar el dinero negro. Tan solo hacen falta dos cosas: falta de escrúpulos, y mucho dinero.
Los españoles somos expertos en perder la fuerza por la boca. En Navidad compartimos mesa con los compañeros de trabajo, jefes, u otras personas que nos han hecho la vida imposible el resto del año. Sin embargo, el librarnos de estos gobernantes tiene una solución más sencilla, que se podrá ejercitar dentro de dos años. Se llama elecciones, a través de unas papeletas que se depositan en urnas. No sería necesario recordarlo, ahora que es difícil encontrar ciudadanos (trabajadores, pensionistas, desempleados...) que reconozcan haber votado al PP.
"Vivir es fácil con los ojos cerrados", se titula la última y reciente película del director David Trueba. "Malinterpretando todo lo que ves", añade John Lennon en la canción de 'The Beatles' "Strawberry Fields Forever".
Mirar es fácil con los ojos cerrados. Interpretando críticamente lo que vemos.
jueves, 3 de octubre de 2013
El último concierto ('A Late Quartet')
Gustave Flaubert escribió que el futuro nos tortura y el pasado nos encadena, lo cual explica el porqué se nos escapa el presente. Veinticinco años en la vida de una persona son muchos años. Baste con un ejercicio de retrospección personal, en los que nos aproximamos a la cincuentena, a la trayectoria vital desde nuestra época de veinteañeros. Cómo nos hemos ganado la vida y si esa forma fue la que elegimos o nos vino impuesta, a qué hemos renunciado, cómo hemos tratado nuestros sentimientos y relaciones humanas, a qué y a quiénes hemos tenido miedo.
Podemos vernos reflejados en los personajes de la película que nos ocupa; analizar si somos capaces de escapar de la tortura del futuro y romper las cadenas del pasado. Si tenemos el coraje y la valentía de atrapar el presente. "El último concierto" ("A Late Quartet", Estados Unidos, 2012) nos describe los prolegómenos del concierto de celebración del veinticinco aniversario del cuarteto de cuerda "La Fuga". El título en inglés juega con el doble sentido del cuarteto tardío Opus 131 de Beethoven, interpretado en el a la par último concierto de uno de los protagonistas.
El guión de Seth Grossman y Yaron Zilberman describe con gran precisión los cuatro personajes, encarnados por actores magistrales y dirigidos a la perfección por el propio Yaron Zilberman (documental "Watermarks", EE UU, 2004), bajo la batuta de Angelo Badalamenti: el violonchelista Peter Mitchell (Christopher Walken); el segundo violín Robert Gelbart (Philip Seymour Hoffman); el violinista Daniel Lerner (Mark Ivanir); y la violista Juliette Gelbart (Catherine Keener).
Los que no somos expertos en música podemos llegar a la conclusión de que el quinto personaje, Alexandra (Imogen Poots), la hija violinista de Robert y Juliette, desentona. Entiendo su desconsolada rabia por las largas ausencias de su madre a lo largo de su joven vida, a quien cuestiona brutalmente la decisión de traerla a este mundo. No sabemos si en realidad está enamorada de Daniel o si su relación es para herir a Juliette (y a Robert) —pese a la redención final, anteponiendo la continuidad del cuarteto a su relación sentimental—. Con lo cuidada que está la película (como reconocen los expertos) desde la óptica de los detalles musicales y del mimo con los gestos de los músicos concertistas, podemos reconciliarnos con el personaje de Alexandra. Como cuando muestra el sufrimiento de los alumnos talentosos ante sus exigentes, y a veces envidiosos, profesores (Daniel). Contrastan las clases de perfeccionamiento de Alexandra con las que imparte Peter; siendo muy ilustrativa y reveladora la narración a sus alumnos de la anécdota vivida con el gran músico y genial violonchelista catalán Pau Casals.
Los concertistas de "La Fuga" se complementan perfectamente. Pero un acontecimiento inesperado hace que sus monótonas y planificadas vidas se quiebren. A Peter le diagnostican la enfermedad de Parkinson, cuando todavía vive el duelo por la muerte de su mujer. Lo que en principio iba a ser un concierto de celebración, se convierte en el último de la carrera del patriarca del grupo, a quien todos respetan y gracias al cual se mantiene una aparente y profesional cohesión.
Durante dos décadas y media han ido escondiendo, bajo la perfección musical, sus anhelos, ilusiones, esperanzas, celos, envidias, frustraciones, amistad y enemistad. De repente, el párkinson resquebraja la impostada unidad musical, y la infidelidad vengativa de Robert rompe su matrimonio con Juliette.
He visionado esta deliciosa película, esta gran obra menor, en una pequeña sala (de las de un cierto y nostálgico olor a rancio, al no utilizarse ya los ambientadores de limón), de unos pequeños multicines, de una pequeña ciudad. Sobreviven porque pertenecen a un grupo de cines. Y damos gracias que continúen estas pequeñas multisalas, porque las grandes y modernizadas están dedicadas (casi exclusivamente) a las superproducciones, con grandes efectos digitales y escasa o nula calidad de historia cinematográfica. En esta pequeña ciudad, llamada Palma, tenemos la suerte de que otros pequeños multicines (de versión original) fueran reabiertos bajo una cooperativa con aportación ciudadana (se llaman "Cineciutat"). Todo ello pese al ataque continuo a la educación y la cultura, encabezado por el gobierno de España (aquí también por el de Balears).
Veinticinco años de vida son muchos para un cuarteto de cuerda. Veinticinco años son muchos, en la vida de cualquier persona. Las conclusiones vitales, morales y éticas de la película son del espectador. ¿El interés del grupo está por encima de los sentimientos y proyectos individuales? ¿Es el objeto, el bien superior, la continuidad, musical y artística, del cuarteto; o la necesidad de perpetuación del ego de Peter? —escalofriante la mirada al abismo desde la azotea, cuando piensa en el futuro que le deparará su cruel enfermedad—. ¿Es el último o el primer concierto de una nueva era?
"A Late Quartet" es de las películas que, al terminar la proyección, te dejan un buen sabor de boca y de espíritu, que te han transmitido sentimientos y vivencias. Me quedo con la frase que Robert dirige a Daniel: "¿De qué tienes miedo?, ¡desata tu pasión!". (¿De qué tenemos miedo?). Y el cumplimiento de ese deseo reprimido, de esa orden implorada, siquiera por una vez, por un último o primer concierto, cerrando la partitura del Opus 131 de Beethoven. ¡Bravo, maestros!
Podemos vernos reflejados en los personajes de la película que nos ocupa; analizar si somos capaces de escapar de la tortura del futuro y romper las cadenas del pasado. Si tenemos el coraje y la valentía de atrapar el presente. "El último concierto" ("A Late Quartet", Estados Unidos, 2012) nos describe los prolegómenos del concierto de celebración del veinticinco aniversario del cuarteto de cuerda "La Fuga". El título en inglés juega con el doble sentido del cuarteto tardío Opus 131 de Beethoven, interpretado en el a la par último concierto de uno de los protagonistas.
El guión de Seth Grossman y Yaron Zilberman describe con gran precisión los cuatro personajes, encarnados por actores magistrales y dirigidos a la perfección por el propio Yaron Zilberman (documental "Watermarks", EE UU, 2004), bajo la batuta de Angelo Badalamenti: el violonchelista Peter Mitchell (Christopher Walken); el segundo violín Robert Gelbart (Philip Seymour Hoffman); el violinista Daniel Lerner (Mark Ivanir); y la violista Juliette Gelbart (Catherine Keener).
Los que no somos expertos en música podemos llegar a la conclusión de que el quinto personaje, Alexandra (Imogen Poots), la hija violinista de Robert y Juliette, desentona. Entiendo su desconsolada rabia por las largas ausencias de su madre a lo largo de su joven vida, a quien cuestiona brutalmente la decisión de traerla a este mundo. No sabemos si en realidad está enamorada de Daniel o si su relación es para herir a Juliette (y a Robert) —pese a la redención final, anteponiendo la continuidad del cuarteto a su relación sentimental—. Con lo cuidada que está la película (como reconocen los expertos) desde la óptica de los detalles musicales y del mimo con los gestos de los músicos concertistas, podemos reconciliarnos con el personaje de Alexandra. Como cuando muestra el sufrimiento de los alumnos talentosos ante sus exigentes, y a veces envidiosos, profesores (Daniel). Contrastan las clases de perfeccionamiento de Alexandra con las que imparte Peter; siendo muy ilustrativa y reveladora la narración a sus alumnos de la anécdota vivida con el gran músico y genial violonchelista catalán Pau Casals.
Los concertistas de "La Fuga" se complementan perfectamente. Pero un acontecimiento inesperado hace que sus monótonas y planificadas vidas se quiebren. A Peter le diagnostican la enfermedad de Parkinson, cuando todavía vive el duelo por la muerte de su mujer. Lo que en principio iba a ser un concierto de celebración, se convierte en el último de la carrera del patriarca del grupo, a quien todos respetan y gracias al cual se mantiene una aparente y profesional cohesión.
Durante dos décadas y media han ido escondiendo, bajo la perfección musical, sus anhelos, ilusiones, esperanzas, celos, envidias, frustraciones, amistad y enemistad. De repente, el párkinson resquebraja la impostada unidad musical, y la infidelidad vengativa de Robert rompe su matrimonio con Juliette.
He visionado esta deliciosa película, esta gran obra menor, en una pequeña sala (de las de un cierto y nostálgico olor a rancio, al no utilizarse ya los ambientadores de limón), de unos pequeños multicines, de una pequeña ciudad. Sobreviven porque pertenecen a un grupo de cines. Y damos gracias que continúen estas pequeñas multisalas, porque las grandes y modernizadas están dedicadas (casi exclusivamente) a las superproducciones, con grandes efectos digitales y escasa o nula calidad de historia cinematográfica. En esta pequeña ciudad, llamada Palma, tenemos la suerte de que otros pequeños multicines (de versión original) fueran reabiertos bajo una cooperativa con aportación ciudadana (se llaman "Cineciutat"). Todo ello pese al ataque continuo a la educación y la cultura, encabezado por el gobierno de España (aquí también por el de Balears).
Veinticinco años de vida son muchos para un cuarteto de cuerda. Veinticinco años son muchos, en la vida de cualquier persona. Las conclusiones vitales, morales y éticas de la película son del espectador. ¿El interés del grupo está por encima de los sentimientos y proyectos individuales? ¿Es el objeto, el bien superior, la continuidad, musical y artística, del cuarteto; o la necesidad de perpetuación del ego de Peter? —escalofriante la mirada al abismo desde la azotea, cuando piensa en el futuro que le deparará su cruel enfermedad—. ¿Es el último o el primer concierto de una nueva era?
"A Late Quartet" es de las películas que, al terminar la proyección, te dejan un buen sabor de boca y de espíritu, que te han transmitido sentimientos y vivencias. Me quedo con la frase que Robert dirige a Daniel: "¿De qué tienes miedo?, ¡desata tu pasión!". (¿De qué tenemos miedo?). Y el cumplimiento de ese deseo reprimido, de esa orden implorada, siquiera por una vez, por un último o primer concierto, cerrando la partitura del Opus 131 de Beethoven. ¡Bravo, maestros!
sábado, 22 de junio de 2013
James Gandolfini, In memoriam
James Joseph Gandolfini, Jr.
(Westwood, Nueva Jersey, 18 de septiembre de 1961 – Roma, Italia, 19 de junio de 2013)
Frases para la historia (de las series) —"El País"—
- “Mi padre estaba en ello, mi tío estaba en ello, mis amigos estaban en ello. Tal vez fuera demasiado vago como para hacer otra cosa”.
- “Me da igual que me tengan miedo. ¡Dirijo un negocio, no un puto concurso de popularidad!”.
- “La vida no tiene cura”.
- “¿Te acuerdas de la historia sobre el padre toro hablando con su hijo? Desde lo alto de una colina miran a unas vacas y el hijo le dice al padre: ‘¿Por qué no bajamos corriendo y nos follamos a una?’. ¿Te acuerdas de lo que el padre contesta?: ‘¿Por qué no bajamos andando y nos las follamos a todas?”.
- “Solo jodemos al que merece ser jodido”.
- “No se caga donde se come. Y mucho menos se caga donde como yo”.
- “La mierda te arrastra hacia abajo, el dinero fluye hacia arriba. Hay que saber qué corriente quieres seguir”.
- “No pagaré, sé demasiado sobre extorsión”.
(Tony Soprano)
El País
"Hasta siempre, rey de la jungla", Carlos Boyero (El País)
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/20/actualidad/1371755799_977351.html
Jot Down.es
http://www.jotdown.es/2013/06/in-memoriam-james-gandolfini/
lunes, 31 de diciembre de 2012
Gobierno miserable
Me ha gustado la película de Tom Hopper “Los miserables”. La enésima adaptación, en género musical, de la monumental obra de Victor Hugo (mil páginas). No voy a pedir perdón por ello a la sesuda crítica; a la que no le han agradado el manejo de la cámara, los planos y secuencias, las voces, etc. Me ha convencido Hugh Jackman (expresidiario Jean Valjean); me ha conmovido y emocionado Anne Hathaway (Fantine, madre de Cosette), en su corta e intensa intervención: desgarradora su interpretación de la pieza central "I Dreamed a Dream".
Tras la Revolución Francesa, y la restauración de la monarquía (Monarquía de Julio), el pueblo se levanta en la Insurrección de junio de 1832. Se resiste a vivir míseramente, gobernado por miserables.
Intentan convencernos de que las medidas de gobierno son modernas, equilibradas, progresivas a los recursos económicos de los ciudadanos. Mientras, al estado social de derecho que ha costado décadas de lenta construcción, se le pasa la excavadora y apisonadora, derribándolo en pocos meses. Un año de legislatura, a golpe de decretos leyes, y a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió.
De admitir que sabían lo que se encontraban al llegar al Gobierno, han pasado a quejarse continuamente de la herencia y las mentiras recibidas. Herencia igual o más envenenada, con las mismas o más mentiras, en las comunidades autónomas donde ellos mismos llevan muchos años gobernando.
Del “no más IVA”, en patéticos cánticos y bailes (acompañados de llamamientos a la insumisión fiscal), a subirlo. Impuesto que paga en igual cantidad el rico que el pobre. Nada de una auténtica progresividad en el IRPF. Nada de perseguir el gran fraude fiscal, al contrario: amnistía fiscal para los grandes defraudadores. Nada de un impuesto de sociedades que no pague, en términos efectivos medios, menos que las rentas del trabajo.
De vociferar que el problema del desempleo no está en el coste del despido, a una retrógrada reforma laboral. Que abarata y facilita el despido (camino de los seis millones de parados). Que aumenta considerablemente el poder y arbitrariedad del patrono. Que individualiza las relaciones de trabajo y minimiza el contrapoder sindical y de representación de los trabajadores.
De no tocar las pensiones, a incumplir la revisión y subida anual (y legal). Acompañado de la reducción de la ayuda a la dependencia y a los dependientes y sus cuidadores.
Una enseñanza pública con menos medios y docentes. Más cara para los estudiantes sin recursos, con menos becas, más doctrinaria y católica, menos multilingüe.
Una sanidad no universal. Más cara, incluida la farmacia. Con menos facultativos y sanitarios. Con menos centros de salud y camas hospitalarias. Repartiendo los medios públicos entre los colegas de las empresas de sanidad privada; yendo al rescate si fuera necesario, otra vez con los recursos y dinero públicos.
Una justicia a golpe de tasa. Que busca disuadir a los ciudadanos de acudir a los jueces y tribunales demandando justicia.
La buena noticia es que ya hemos sufrido un año de democrático gobierno del PP. La mala, que nos faltan tres años para agotar la legislatura. Y que, sin saber quiénes ni cómo, vamos a necesitar varios mandatos electorales para contralegislar todo el destrozo que están haciendo. Suponiendo (y es mucho suponer), que se recuperen todos los derechos aniquilados. Nos conducen a una sociedad de la beneficiencia, de la limosna; ésa es su moderna y equilibrada gestión de gobierno.
Lo llaman optimización de recursos y externalización de la gestión. A mí me encaja más la palabra “miserable”, en las acepciones de la RAE: 1. Desdichado, infeliz (pueblo); 2. Abatido, sin valor ni fuerza (ciudadanos); 3. Mezquino (Gobierno); 4. Perverso, abyecto, canalla (gobernantes). Feliz 2013.
Tras la Revolución Francesa, y la restauración de la monarquía (Monarquía de Julio), el pueblo se levanta en la Insurrección de junio de 1832. Se resiste a vivir míseramente, gobernado por miserables.
Intentan convencernos de que las medidas de gobierno son modernas, equilibradas, progresivas a los recursos económicos de los ciudadanos. Mientras, al estado social de derecho que ha costado décadas de lenta construcción, se le pasa la excavadora y apisonadora, derribándolo en pocos meses. Un año de legislatura, a golpe de decretos leyes, y a este país no lo reconoce ni la madre que lo parió.
De admitir que sabían lo que se encontraban al llegar al Gobierno, han pasado a quejarse continuamente de la herencia y las mentiras recibidas. Herencia igual o más envenenada, con las mismas o más mentiras, en las comunidades autónomas donde ellos mismos llevan muchos años gobernando.
Del “no más IVA”, en patéticos cánticos y bailes (acompañados de llamamientos a la insumisión fiscal), a subirlo. Impuesto que paga en igual cantidad el rico que el pobre. Nada de una auténtica progresividad en el IRPF. Nada de perseguir el gran fraude fiscal, al contrario: amnistía fiscal para los grandes defraudadores. Nada de un impuesto de sociedades que no pague, en términos efectivos medios, menos que las rentas del trabajo.
De vociferar que el problema del desempleo no está en el coste del despido, a una retrógrada reforma laboral. Que abarata y facilita el despido (camino de los seis millones de parados). Que aumenta considerablemente el poder y arbitrariedad del patrono. Que individualiza las relaciones de trabajo y minimiza el contrapoder sindical y de representación de los trabajadores.
De no tocar las pensiones, a incumplir la revisión y subida anual (y legal). Acompañado de la reducción de la ayuda a la dependencia y a los dependientes y sus cuidadores.
Una enseñanza pública con menos medios y docentes. Más cara para los estudiantes sin recursos, con menos becas, más doctrinaria y católica, menos multilingüe.
Una sanidad no universal. Más cara, incluida la farmacia. Con menos facultativos y sanitarios. Con menos centros de salud y camas hospitalarias. Repartiendo los medios públicos entre los colegas de las empresas de sanidad privada; yendo al rescate si fuera necesario, otra vez con los recursos y dinero públicos.
Una justicia a golpe de tasa. Que busca disuadir a los ciudadanos de acudir a los jueces y tribunales demandando justicia.
La buena noticia es que ya hemos sufrido un año de democrático gobierno del PP. La mala, que nos faltan tres años para agotar la legislatura. Y que, sin saber quiénes ni cómo, vamos a necesitar varios mandatos electorales para contralegislar todo el destrozo que están haciendo. Suponiendo (y es mucho suponer), que se recuperen todos los derechos aniquilados. Nos conducen a una sociedad de la beneficiencia, de la limosna; ésa es su moderna y equilibrada gestión de gobierno.
Lo llaman optimización de recursos y externalización de la gestión. A mí me encaja más la palabra “miserable”, en las acepciones de la RAE: 1. Desdichado, infeliz (pueblo); 2. Abatido, sin valor ni fuerza (ciudadanos); 3. Mezquino (Gobierno); 4. Perverso, abyecto, canalla (gobernantes). Feliz 2013.
sábado, 1 de diciembre de 2012
"LA BARBACOA": La grotesca satisfacción de los omnívoros
« LA BARBACOA
La grotesca satisfacción de los omnívoros.
SINOPSIS La Barbacoa es un documental que refleja la actitud humana con respecto a su propia alimentación a través de documental y de ficción. Personas destacadas de diferentes posiciones socio-culturales: religión, industria cárnica, animalistas, científicos, son entrevistados y transmiten su visión sobre el uso y el abuso de los animales.
EL DIRECTOR Enric Urrutia nace en 1962. En 1986 crea la compañía discográfica y productora audiovisual Transdisc Music SL hasta el año 2007, en el año 2009 funda 4 Barres Produccions Audiovisuals. Enric Urrutia es miembro de la Academia del cine.
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